"Ay, ay, ay ay, canta y no llores
Porque cantando se alegran
cielito, lindo, los corazones"
| "Sueño de una tarde dominical en la alameda", D. Rivera, en México DF |
Los lectores de Razón del gusto ya saben que me encanta México, su gente y su manera honrar la vida y la muerte. En los años pasados asistí a la fiesta del Día de los Muertos que organiza el Consulado de México en Argentina. Este año me decidí y mandé mis poesías al Concurso de Calaveritas. Lamentablemente por el temporal que destruyó árboles del Museo Fernández Blanco no pudo hacerse la fiesta, pero me publicaron la calaverita clásica, que aquí comparto con ustedes:
| Detalle: la Catrina toma la mano del pequeño Diego Rivera |
Aquí va la versión más desarrollada, que a mí me gusta más:
Calavera con Soda
(versión extensa)
Dedicada a Gustavo Cerati
Nadie nunca oyó esta
historia
yo se las voy a
contar
empieza hace muchos
años
en medio de un
recital.
Entremetida y curiosa
la Calaca sin entrada
a codos entre la
gente
se ubica sin decir
nada.
Sobre el escenario un
trío
le hace sonar las
costillas
cuando pasa ese
temblor
se siente de
maravilla.
No puede quitar sus
ojos
de otros ojos color
cielo
Esos ojos de Gustavo
la llenaron de
desvelos.
A partir de ese
momento
la Pelona enamorada
no se cansa de
espiarlo
a través de la
persiana.
Con ese amor amarillo
esa fuerza natural
los juegos de
seducción
siempre le salieron
mal.
Las tazas sobre el
mantel
lo invita a un té para
tres
solo que en vez de la
miel
derrama su amarga
hiel.
Gustavo aceptó
confiado
la invitación de su
fan
quizás ya estaba
cansado
de parecer inmortal.
Después de la
sudestada
de la mano de su
novia
bocanadas de humo y
cielo
por fin descansa en
la gloria.
Liliana Schwab
Claramente lo que me emociona de esta celebración tan auténtica es su relación con la cosmovisión de los pueblos originarios, como se puede apreciar en este fragmente y en la ilustración de los códices mexicas:
" La muerte entre los mexicas
Pero vayamos al momento en que el individuo fallecía. Sabemos que la manera de morir era factor fundamental para el destino que se deparaba a la esencia del difunto. Estos destinos eran cuatro lugares. El primero, conocido como la casa o cielo del sol, estaba destinado a los guerreros muertos en combate o capturados para el sacrificio, así como a las mujeres muertas durante el proceso del primer parto, mismo que se consideraba un combate y por lo tanto a estas mujeres se les tenía como mujeres valientes, como guerreras. El Tlalocan, lugar de constante verano donde las plantas siempre estaban verdes, se destinaba a todos aquellos que morían en relación con el agua. El Mictlan era el sitio adonde iban los que morían de cualquier otra forma de muerte no asociada a la guerra ni al agua. En el Chichihualcuauhco, donde residían los niños muertos prematuramente, un árbol nodriza amamantaba a éstos hasta que se les destinaba a volver a nacer.
Arriba: los fallecidos llevaban un perrito de pelo rojizo con un collar de fibras de algodón sin hilar para que los ayudara a pasar, nadando encima del perro, un río que estaba en el inframundo llamado apanohuaya, “el paso del agua”. el perro guiaba a los muertos hasta el “lugar sin orificio para que salga el humo” o inframundo, donde habitaba Mictlantecuhtli, “señor de los muertos”. Un perro guía a un difunto ante Mictlantecuhtli. Códice Laud, lám. 26. "
Reprografía: Marco Antonio Pacheco / Raíces
Bonus track 1 del Día de los Muertos:
Momias de Guanajuato
El museo de las momias de Guanajuato, pegado al cementerio municipal , figura como una de las atracciones turísticas del lugar.
En el año 1865 del Panteón de Santa Paula se exhumó el primer cuerpo momificado, ya que la fosa en la que yacía no tenía registrados los pagos pertinentes. Desde entonces y hasta 1958 continuaron los descubrimientos de cuerpos momificados debido a las especiales condiciones del subsuelo del lugar, sumadas a la presencia de nitratos y alumbre.
Fotografías de Angelitos, Rómulo García
En la Casa Museo de Diego Rivera, una colección de fotos de principio del siglo XX, de los llamados Angelitos, también me impactaron por su fuerza y extrañeza.
Y hoy, 2 de noviembre, recordemos a nuestro muertos, con altares a la mexicana, o simplemente mirando sus fotos, pensando en todo lo que nos dejaron y hoy sigue vivo en nosotros. El olvido es el verdadero infierno, eso... lo dicen los mexicanos, y también lo pienso yo.


