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sábado, 17 de noviembre de 2012

Manhattan, de Woody Allen


La inolvidable rapsodia en blanco y negro

"He adored New York City. He idolized it all out of proportion. Eh, uh, no, made that he, he romanticized it all out of proportion. Better. To him, no matter what season was, this was still a town that existed in black and white and pulsated to the great tunes of George Gershwin."




Gracias a Julián, mi hijo de 18 años, que está viendo toda la obra de Woody Allan desde sus últimos estrenos hacia atrás, volví anoche a encontrarme con este clásico.
Está película de 1979 es un objeto de culto entre muchos cinéfilos que aprendimos a soñar con esta ciudad exuberante, "fuera de toda proporción". 
El comienzo, con la narración en off de Woody Allen, la música de "Rapsody in Blue"  de George Gershwin y las fotografías en blanco en negro como postales, constituye una obra de arte en sí misma que uno quisiera ver mil veces porque trasunta belleza, elegancia y eternidad.



Esa ciudad, mostrada en todas sus estremecedoras contradicciones, en un amanecer detrás de los rascacielos o en una noche surcada de fuegos artificiales, cobra vida cuando Isaac Davis, una de las tantas encarnaciones del mítico Woody, empieza a caminar sus calles. En compañía de su mejor amigo Yale; de la mano de la bella Mariel Heminway, su novia de 17 años; corriendo del aguacero por el Central Park, para refugiarse en el Planetario junto a Diane Keaton... Todos esos diálogos parecieran a veces una excusa para que se luzca la verdadera protagonista: la ciudad amada.




Allí irán enhebrándose los leves conflictos, sin gritos, ni llantos acongojados. Sólo algunas mínimas lágrimas, alguna molestia, alguna palabrita subida de tono, para narrar el transcurrir de esos personajes que viven en la Gran Manzana.


La parodia de los círculos intelectuales de Manhattan, el snobismo que venera lo nuevo, la neurosis, la paranoia, los divorcios, la nueva esposa lesbiana de su ex, los encuentros y desencuentros amorosos, las dudas,  los arrepentimientos. La vida.

Con sus planos secuencia, sus fuera de campo, sus siluetas recortadas en contraluz,  con sus diálogos ocurrentes, con sus alusiones intelectuales, con su banda sonora, "Manhattan" es una película que nos sigue enamorando como hace más de 30 años.


El final, con  la escena romántica por excelencia del enamorado arrepentido que atraviesa la ciudad corriendo y llega justo antes de que su chica tome el taxi que la lleva al aeropuerto, es otro de los momentos antológicos del cine de todos los tiempos. Tracy, la adolescente que aparece como la única persona auténtica y centrada entre tantas relaciones neuróticas, proyecta la esperanza. "No todo el mundo se corrompe. Tenés que tener un poco más de fe en la gente".


"Manhattan" es una película que deberían ver todos los que están por viajar a Nueva York o regresaron de allí. Esta ciudad de celuloide en blanco en negro  se me antoja aún  más mágica que la enceguecedora de los carteles luminosos de Times Square que nos deja sin aliento.

domingo, 17 de junio de 2012

Yerma en el Cervantes

"Yerma" o el dolor visceral de lo que no puede ser

¡Ay qué prado de pena! 
¡Ay qué puerta cerrada a la hermosura,
 que pido un hijo que sufrir 
y el aire me ofrece dalias de dormida luna!
Federico García Lorca

"García Lorca convierte al hijo en sujeto poético que nace del amor: como la lluvia que según caiga o no... da campos yermos o floridos. ¿Por qué no pensar, más bien, que Yerma y Juan caminan por paralelas que no se cruzan y que Víctor es sólo una ilusión ("maya": "lo que no es" del hinduísmo)?"
Daniel Suárez Marzal

Malena Solda y Sergio Surraco, una Yerma y un Juan auténticos e intensos

"Yerma" es la obra de García Lorca que más veces leí en mi vida... Resuenan en mi mente sus frases contundentes que puedo reproducir casi de memoria.
"Yerma" es la primera obra de teatro que vi en mi adolescencia y que marcó para siempre en mí un modo de ver el teatro. No tenía plena conciencia en ese momento de que había visto la puesta de Víctor García, ni que la actriz protagónica era nada más ni nada menos que Nuria Espert... Tenía sólo 16 años, sin embargo pude adivinar que estaba asistiendo a algo muy grande.

La asombrosa puesta de Víctor García, allá por 1974

Por eso, cuando vi que "Yerma" aparecía en la cartelera del Teatro Nacional Cervantes, un mes después de estudiarla con mis alumnos, fue una felicidad muy grande organizar ir a ver la obra juntos, pero también apareció cierto miedo de que  esta nueva versión no resistiera la comparación con la obra idealizada en mi recuerdo.
El viernes pasado, entonces, en la primera fila de la preciosa sala María Guerrero, estaba con casi todos mis alumnos de sexto año, expectantes. 
En el medio de una profunda oscuridad, se percibió el taconeo de decenas de zapatos que avanzaban inexorables, como la tragedia, cada vez más fuerte,  cada vez más fuerte hasta que aparecieron en escena Yerma y Juan, dormidos, inertes sobre un practicable de rocas, contra un muro blanco, altísimo. Si uno no conociera la obra, podría pensar que estaban muertos, dos cadáveres en el medio de un páramo yermo...

Sugestiva escenografía de Marcelo Valiente
Sin embargo, ese lecho de piedra es la fría cama conyugal de un matrimonio unido por la obligación del deber ser. "Incompatiblidad de caracteres" llamarían a eso que les pasa en una terapia de pareja hoy en día; "falta de química", le diría la sexóloga de turno de alguna revista "para mujeres"... pero para Yerma, su marido es otra cosa: "me lo ha dado mi padre y yo lo acepté... Y me miraba en sus ojos. Sí, pero para verme muy chica, muy manejable, como si yo misma fuera hija mía"

Tina Serrano, extraordinaria en el rol de la Vieja Pagana

Daniel Suárez Marzal logra una puesta moderna y simbólica y a la vez muy respetuosa del texto lorqueano y apegada a las tradiciones andaluzas. Belleza y elegancia, economía de recursos, movimientos coreográficos que transmiten esa tensión tan propia de la tragedia, son elementos muy bien combinados por el director para esta puesta vital y conmovedora.

Bello cuadro de las lavanderas, un arroyo humano a lo Pina Bausch
Malena Solda, va sosteniendo con el cuerpo y con el alma la sed que devora a la protagonista. Le da sentido a cada palabra de un texto lleno de matices que ella despierta y hace nuevo.
El delicado y colorido vestuario de Mini Zuccheri logra postales de gran potencia visual. El poder de la música flamenca en las canciones lorqueanas, que traspasan la piel en la voz del cantaor Geromo Amador y en el sonido de la guitarra de Sebastián Espósito, nos evocan lo más hondo del grito gitano, tan cercano al concepto pagano de la fatalidad de la tragedia griega.

"Quiero beber agua y no tengo ni vaso ni agua, quiero subir al monte y no tengo pies..."



Porque "Yerma" es una tragedia perfecta, el pecado de la protagonista, su hammarthia, es no conformarse con su destino: "roca que es una infamia que sea roca, porque debía ser un canasto de flores y agua dulce".
 Esa es la verdadera tragedia de Yerma: no resignarse a su sino. Su tragedia es, por lo tanto, la de todos los seres humanos, prisioneros de la fatalidad. Solo matando la "cochina esperanza"*, "con el cuerpo seco para siempre", podrá descansar en paz.


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* Jean Anouilh, en "Antígona"

 Teatro, Nacional Cervantes,
 Jueves a sábados a las 21hs. Domingos a las 20.30 hs 
Última función 27/7/12

miércoles, 16 de mayo de 2012

Carlos Fuentes, Adán en Edén

(1928-2012)  

“...el pasado es irreversible y el futuro incierto, los hombres y mujeres se quedan sólo con el escenario del ahora si quieren representar el pasado y el futuro. El pasado humano se llama Memoria. El futuro humano se llama Deseo. Ambos confluyen en el presente, donde recordamos, donde anhelamos.”  Carlos Fuentes

Foto de Sara Facio en su libro "Fotos de escritor"


Queda en mi biblioteca la última novela de él que compré en la Feria del Libro: "Adán en Edén". Un libro rojo, con un niño con  alas en la tapa, que late ahora en mis manos como una promesa. 
Carlos Fuentes está en mi pasado, cuando me deslumbró con "La muerte de Artemio Cruz" o "Aura". Seguirá en mi futuro, en el deseo de leer su obra que nos hace entender de qué se trata ser latinoamericano.





lunes, 7 de mayo de 2012

La Feria del Libro: ¿evento comercial o cultural?

38 años de vida para la Feria más controvertida de Buenos Aires


Mañana culmina, una vez más, la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires. Nacida en 1974 en el Predio Municipal de Exposiciones, nos ha acompañado a los argentinos a lo largo de todos estos años marcados por muy distintos climas políticos, sociales y económicos.
Tenía 16 años cuando fui a la primera con un grupo de compañeras y mi profesora de Lengua del secundario. Mi mamá me había dado algo de plata para comprarme libros y recuerdo que me perdí por los pasillos (dentro de un predio muchísimo más reducido de lo que es hoy la feria en la Rural) buscando el libro para mí. Ese día me impactaron los stands de otros países y provincias, las conferencias, la libertad de deambular hasta perderme fue algo muy nuevo y muy estimulante.

"Hacia un futuro con libros", fotografía de Patricia Goicochea


Luego, a lo largo de los años, la Feria provocó en mí indiferencia o desinterés, sentimiento de obligación, enojo y hastío, infinito cansancio, calor y pies cansados, deseos de huir al refugio de una buena librería en la calle Corrientes, donde pueda buscar y encontrar los libros que quiero en un lugar a mi medida... Quizás retornó en mí el entusiasmo cuando fui a acompañar a la presentación de sus libros a amigos muy queridos. Quedó en el recuerdo la anécdota de cuando paré con mucha convicción delante del stand de SM, Barco de Vapor, a mi amiga Diana Briones, autora de libros infantiles y le dije: " El año que viene, acá vas a estar vos" y así fue, con su primera novela premiada, "El tiempo vuela".

"Sin distracciones", fotografía de Laura Celeste Priano

Pero recién este año pude comprender qué me pasa en la feria y por qué: La Feria está pensada para hacernos creer que somos inmortales. Así caminamos acariciando con la mirada las tapas de millones de libros, de autores de todo el mundo, de ayer y de hoy, como la infinita Biblioteca de Babel servida como un gran banquete al que no podríamos degustar aunque le entregáramos toda una larga vida con sus días y sus noches. Esa descomunal proliferación de la letra escrita, esa hiperbólica devoción por el único mágico objeto de consumo que tiene alma y que sólo se enciende si lo desciframos letra a letra en un espacio mental de silencio y rara alquimia.

"De menor a mayor", fotografía de Eduardo Pelait
Este año disfruté como nunca de la Feria, me maravillé con los libros infantiles, tan hermosos que uno quisiera tener hijos chicos, o nietos o volver a ser niño... Por suerte tengo a mis sobrinos chiquitos y me pude sacar el gusto de comprar algunas de esas bellezas. Los libros de arte, por supuesto. Y las novelas... ¿cómo elegirlas, cuáles comprar y por qué? Dejarse llevar por la inspiración, obedecer al deseo. En la Feria, como en la vida, hay para todos los gustos. Y eso está bien. Veía las largas colas de fanáticas de sagas desconocidas para mí como "El Caballero de Fuego", sacándose fotos con el fondo de los libros expuestos. Libros de colores de más de 400 páginas cada uno que Alfaguara ( con buen criterio) cataloga como "Libros de entretenimiento". Best- sellers, los llamábamos antes. 
Por suerte hoy también es  best-seller Eduardo Galeano con su nuevo libro "Los hijos de los días" .¡Y pensar que allá por los negros años de la dictadura estaba prohibido "Las venas abiertas de América Latina"!
El libro de tinta y papel está vivo, muy vivo. Es una industria que mueve millones, porque hay millones de lectores que todavía quieren consumir cultura, mal que les pese a los agoreros que se olvidan de que Ray Bradbury escribió "Fahrenheit 451", justamente para exorcizar el miedo al futuro.

Comparto con ustedes, el cortometraje ganador del Oscar 2012, "Los fantásticos libros voladores", a mí me lo acercó Eduardo D´Argenio y me deslumbró.Vale la pena que se tomen unos minutos para disfrutar de esta obra de arte encantadora.



domingo, 11 de marzo de 2012

Piazzola en Alemania

A mi querida amiga Sandra, que aprendió la lengua de mis antepasados

 Una calle y un festival dedicados al maestro del bandoneón

"Sí, es cierto, soy un enemigo del tango; pero del tango como ellos lo entienden. Ellos siguen creyendo en el compadrito, yo no. Creen en el farolito, yo no. Si todo ha cambiado, también debe cambiar la música de Buenos Aires. Somos muchos los que queremos cambiar el tango, pero estos señores que me atacan no lo entienden ni lo van a entender jamás. Yo voy a seguir adelante, a pesar de ellos."
Astor Piazzolla, revista Antena, Buenos Aires, 1954.

Hoy, 11 de marzo, aniversario del nacimiento de Astor Piazzolla, es un buen día para que en la sección "Los clásicos" le dedique una entrada a este obstinado marplatense, ciudadano del mundo. Con su oído atento a los sonidos de la ciudad y un virtuosismo apabullante, se convirtió en la banda sonora del Buenos Aires de la segunda mitad del siglo XX. Sin embargo este músico único, como muchos otros grandes, no ha sido profeta en su tierra, le costó mucho hacerse un lugar junto a los grandes del tango, y ser aceptado como parte de la más genuina música urbana nacional.
Aunque el tango estuvo desde siempre, recién el año pasado apareció en mí con toda su potencia, en la necesidad de escucharlo y de cantarlo. Y eso es raro, porque me crié "oyendo" ( no escuchando) tangos. Mi casa de la infancia estaba pegada a la carnicería de mi padre, quien ni bien comenzaba la mañana encendía su vieja radio de madera y la dejaba todo el día en una estación de tango. Tangos que mi mamá cantaba mientras lavaba los platos. Tangos a toda hora que se fueron filtrando en mi inconsciente, muy a mi pesar. Porque en mi adolescencia, como la mayoría de los jóvenes de mi época, yo odiaba el tango. Sin embargo, en la década del setenta, Amelita Baltar, con su interpretación de "Balada para un loco" y "Chiquilín de Bachín" me hizo estremecer en alguno de los interminables "Sabados circulares" de Pipo Mancera.
Fue mucho después, cuando yo realmente conocí a Piazzolla. Y fue por Jaime, mi suegro. Muchos domingos de almuerzo familiar, llegábamos a su casa y él estaba sentado en el living con un disco de Piazzolla a máximo volumen, el aire electrizado por esas fugas y contrapuntos de un bandoneón milonguero, esos violines rechinantes como neumáticos en el asfalto caliente.
Pero no fue en mi casa ni en la casa de mis suegros donde lo encontré en toda su monumental estatura sino el año pasado, a muchos kilómetros, en un pequeño pueblito de Alemania.
En julio fui a visitar a mi amiga Sandra que vive en Munich. Por muchas razones fue un viaje de encuentros con mis raíces, con el idioma de mis abuelos paternos, con una cultura y un modo de vida que me hicieron sentir en mi casa a pesar de no saber hablar alemán. La primera sorpresa fue saber que el barrio donde estuve alojada, a unas 15 cuadras de Marianplatz, se llama Schwabing, ¡o sea que tengo un barrio con mi apellido en este mundo!
Mi amiga es cantante y yo ya sabía antes de ir que uno de los fines de semana de mi estadía lo pasaríamos en un festival dedicado a Piazzolla en un pequeño pueblito de Baviera, donde ella estaba invitada a participar. Es así como salimos temprano de Munich ese sábado 23 de julio, en una fresca y lluviosa mañana de verano; atravesamos las típicas verdes praderas y vacas pastando, pequeños caseríos con sus bellas casitas con balcones decorados con flores hasta llegar a un pequeño pueblo campesino, Alteiselfing. 
Para mi sorpresa, cuando nos bajamos en la casa de los padres de Josef Huber, el organizador del evento, vi un pequeño callejón en el que lucía orgulloso el flamante cartel con el nombre de Astor Piazzolla: Piazzollaweg. El día anterior, se había hecho la inauguración con un acto oficial con autoridades locales y una fiesta.
Como Sandra tenía que ensayar, con mi amigo Axel pasamos la tarde recorriendo a pie la cercana ciudad medieval de Wasserburg y a la tardecita llegamos a la gran y única cervecería del pueblo, con un bellísimo salón comedor y arriba un auditorio preparado para una numerosa audiencia. 

Era como la preparación de una gran fiesta familiar. Allí estaba Traudi, la esposa de Josef ordenando los afiches y las entradas; su cuñada y sus sobrinas, decorando con rosas rococó y flores silvestres las mesas; los sobrinos, y hermanos ordenando las sillas. Debo confesar mi incredulidad en los momentos previos a la hora de la función. ¿Para qué tantas sillas?, me preguntaba. ¿Quién puede venir a escuchar tango a la noche, a un pueblito con olor a estiércol y alfalfa? 
Pero, puntualísimos, fueron llegando, con sus mejores galas, muchos espectadores. Señoras rubias, como mis tías, con sus collarcitos de perlas y sus zapatitos de taco. Parejas jóvenes, familias. Una nutrida y ordenada concurrencia fue llenando la sala.

Esa noche era la velada dedicada a Aires de Tango, por eso el espectáculo inició cuando con un vestido rojo, apareció en escena la solista del grupo, Sandra Nahabián, cantante lírica quilmeña radicada hace más de 15 años en Munich. 
Sandra presentó cada tema en alemán, demostrando una cálida comunicación con el público. Traducía las letras de los tangos, explicaba algunos modismos o costumbres, que para mi sorpresa despertaban mucho interés, risas y aplausos en la platea. Pero cuando empezaba a cantar, en nuestra lengua., sentía que me cantaba sólo a mí. A mí que había tenido que viajar tan lejos de casa, para comprender que esos tangos escuchados en la infancia, me devolvían por un instante mágico a mis padres, me hacían viajar a un patio, a una cocina, al olor del hogar de mi niñez, es decir, a "mi patria".

El recital, compuesto por tangos de Eladia Blázquez, milongas, y el infaltable "Chiquilín de Bachín", fue acompañado por los expertos bandoneonistas Josef Huber y Josef Fürpass y la guitarrista Kathrin Vogt, que en todo momento demostraron pasión por el tango y gran conocimiento formal de la técnica y el estilo de este género porteño.

Cuando terminó la función, con el aplauso entusiasta del público, fuimos a cenar al salón comedor y luego empezó la milonga. Fue muy difícil explicarles a todos, que yo no sabía bailar el tango, como casi ninguna de las mujeres de mi generación. Me perdí muchas invitaciones pero no me importó, porque ver bailar  a estas expertas parejas alemanas fue todo otro espectáculo para mí. Las mujeres con sus zapatos y polleras tangueras, los varones con toda la virilidad y la elegancia, ponían en práctica lo aprendido durante las clases de tango que tantos alemanes toman semanalmente para ir a las tantas milongas que funcionan en Munich. Algo notable, ¿no?


Después fuimos alojados en una casita de cuento, una cama con edredón de plumas, despertar con el canto de los pájaros y los mugidos de las vacas y uno de los mejores desayunos de mi vida en la gran mesa familiar de los padres de Josef, orgullosos de esta iniciativa de su hijo, de esta gran "patriada", valga la paradoja, para homenajear a un grande cuya patria es el mundo.
Gracias Josef, por des-velarme con tu amor y tu pasión a Astor Piazzolla. Hoy quería recordarlo en su cumpleaños de este modo. Porque un artista grande como él  nunca muere, sigue vivo en su música y en el bandoneón de músicos  como vos que lo honran con la música y con la vida.




* Todas las fotografías fueron tomadas prestadas de la web http://www.piazzollaweg.de/

sábado, 18 de febrero de 2012

Ibsen o la tragedia sin sangre

“Ibsen inaugura el drama del espíritu, la tragedia sin sangre, que es la verdaderamente humana, que es la única, y por ello su creación es el pivote sobre el que gira el teatro universal.”
Alfredo De la Guardia 

                                              *
Por la sección "Los clásicos" desfilarán por este blog aquellos creadores que me sorprenden por su vigencia. Ellos han sido en su gran mayoría incomprendidos entre sus contemporáneos; han escandalizado, movilizado, perturbado, incomodado.

Hoy quiero referirme al dramaturgo noruego Henrik Ibsen (1828-1906). En los últimos 6 meses vi tres puestas teatrales de tres de sus obras más importantes que demuestran el interés que sigue despertando en los directores y en el público.
Me impacta profundamente cómo las obras de Ibsen, después de más de 100 años, siguen movilizando nuestros prejuicios,  eso nos da la medida de cómo los textos de este autor han debido ser completamente intransigentes con su época des-velando la doble moral, la represión y la autorepresión, la hipocresía, la profunda complejidad humana. Sus héroes no aparecen como meras marionetas del Destino sino víctimas de su pasado, de sus propias elecciones. Ibsen junto con August Strindberg han sido considerados como los padres del teatro moderno y lo sorprendente es que de la zona más nórdica de Europa, de esa región de inviernos de densas nieblas y noches que duran 6 meses, hayan surgido estos visionarios del alma humna que percibieron, en la opresiva segunda mitad del silgo XIX, que el mundo estaba cambiando. Ellos vieron las primeras grietas en los claustrofóbicos salones de la sociedad burguesa encorsetada por duros prejuicios de género y de clase. 

En prìmer lugar me referiré a "Casa de Muñecas".  He visto muchas versiones de esta obra y la he leído muchas veces. Cuando la leemos con mis alumnos, adolescentes del siglo XXI, los varones siguen juzgando duramente a la protagonista por abandonar el hogar. ¡Qué cercana es esta Nora, esta mujer que ha sido siempre tratada por su padre y por su esposo como una niña! ¡Qué valiente y qué trágica su decisión! ¡Qué profundamente frágil y superficial aparece su esposo, Torvaldo, que actúa según su capricho y egoísmo y en su ceguera es castigado con la inexplicabe emancipación de "su muñequita"!
 En julio del año pasado, pude ver la que fue para mí la mejor puesta en escena de esta obra en el Arcola Theatre de Londres, gracias a la exquisita intuición de Noelia que reservó las entradas en este encantador teatro off londinense. Toda la fuerza de ese texto se potenciaba en la atractiva escenografía que subrayaba simbólicamente los temas de la obra. Por ejemplo, el escenario del pequeño teatro tenía las plateas a ambos lados, por lo tanto los espectadores estábamos muy próximos a los actores y según nos hayamos sentado a la derecha o la izquierda, sin duda nos llevamos una distinta percepción del espectáculo. Colgaban de las parrillas con tanzas invisibles todo tipo de objetos asociados al mundo femenino: espejos de mano, peines y cepillos, tazas de té de porcelana, cupcakes…  

 
Tres actrices que funcionaban como el desdoblamiento del pasado, presente y futuro de Nora, permanecían en escena y en los momentos de conflicto aparecían , expresando coreográficamente los sentimientos en pugna dentro de la protagonista. También, como titiriteras, manejaban las marionetas de los hijos de Nora. Estos muñecos, al estilo de los usados por “El periférico de los objetos”, interactuaban con la protagonista en una bella escena en que quedaba bien claro que ella es una niña más y necesita crecer para poder ser madre.


En segundo lugar,  en diciembre, con mi amigo Sebastián, para festejar el inicio de las vacaciones fuimos a ver "Estado de ira", del director Ciro Zorzoli, una producción del Complejo Teatral de Buenos Aires que llegó al teatro Metropolitan, después de exitosas temporadas, excelente críticas y variados premios. La obra es dinámica, de un humor desopilante y mordaz. La gran sorpresa para mí fue comprender, detrás de esa supuesta comedia, lo mejor de Ibsen. La obra transcurre durante un largo ensayo de Hedda Gabler. Una primera actriz debe prepararse para hacer el reemplazo de la protagonista de esta famosa obra de Ibsen y acude a una oscura dependencia pública en la que un grupo de actores mediocres, que se dedican al oscuro oficio de prepararse para hacer reemplazos, la deben ayudar a pasar la letra.

Lo paradójico es que si en la obra de Ibsen, Hedda es una mujer especuladora y manejadora de las voluntades de todos los que tiene alrededor, en esta pieza la primera actriz, que al principio es recibida con honores, empieza a ser sometida a todo tipo de impertinencias, violencia verbal y física por parte de los actores que van depositando en ella todo su resentimiento y sus frustaciones, mientras cumplen con el deber de ayudarla a aprender la letra y las marcaciones del director en unas horas. Es imprescindible subrayar el impresionante trabajo físico de todos los actores en especial de la protagonista, Paola Barrientos, que va desintegrándose en esta absurda pesadilla de la que no puede escapar.

Por último, la semana pasada,  fui a ver "Espectros", una producción del director Mariano Dossena, protagonizada por Ingrid Pellicori y Walter Quiroz, que estará en cartel hasta abril en el Centro Cultural de la Cooperación. En una puesta en escena completamente tradicional, el maravilloso texto de Ibsen se abre paso y nos conmueve. Como en las otras obras de Ibsen asistimos a la develación de un secreto familiar que fue corroyendo, como un gusano insistente, los pilares de las relaciones familiares.
La "tragedia sin sangre" que queda plasmada en las obras de Ibsen es el reconocimiento del "error fatal" de haber desperdiciado toda una vida por obedecer los fuertes condicionamientos sociales: "Me habían inculcado algunas enseñanzas, en las cuales no exitían más que obligaciones. Y he vivido largo tiempo con esa convicción. Toda la existencia se limitaba a deberes; mis deberes, sus deberes". Así se excusa ante su hijo la señora Alvin por haberle mentido sobre su padre toda la vida.


Ibsen sigue vivo en las carteleras teatrales y seguirá depertando el mismo interés porque sus personajes contradictorios, egoístas y atormentados por la culpa nos resultan humanos, demasiado cercanos.  Nos recuerdan que tarde o temprano las mentiras estallan, que lo que se calla mata, que no debemos dejar que las presiones sociales nos quiten "la alegría de vivir".

*El retrato de Ibsen pertenece al artista expresionista Eduard Munch que fue amigo del dramaturgo noruego.