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miércoles, 21 de diciembre de 2016

Los top de 2016: El tiempo entre costuras, novela y serie

A Andrea y Lala

La hipnotizante seducción de la ficción



Entré a esta novela por la actriz Adriana Ugarte, así como lo oyen. Nunca hubiera comprado el libro ni por la tapa ni por la reseña. Pero mi amiga Andrea lo puso en mis manos una tarde cuando fui a tomar el té a su casa y otro día Lala me habló apasionada de la serie, cuya protagonista es justamente Adriana Ugarte, para mí, hasta ese momento la bella Julieta de Almodóvar. 



Supongo que la doble experiencia puede ser reversible. Sin embargo yo empecé por la novela y luego disfruté un capítulo por noche de la serie en Netflix. No puedo decir que sean obras de arte con mayúscula que abran tendencia o que propicien profundos ensayos críticos. Nada de eso. La novela y la serie cumplen perfectamente con el propósito de la buena ficción cuando lo que se propone es ser puro entretenimiento y puerta a la fantasía y al descanso de la mente.



La historia se basa en Sira Quiroga - Arish Agoriuq. La acompañeremos en el derrotero de su vida en el conflictivio período que abarca la Guerra Civil Española y los años previos a la Segunda Guerra Mundial. Viviremos con ella el primer amor, puro y simple; la pasión; el dolor por la traición y el exilio y lo más asombroso, asistiremos a la metamorfosis de la oruga en mariposa. Todo hilvanado, zurcido y cosido con sus agujas, su máquina de coser y su inigualable talento para la alta costura.
Obviamente, todas somos un poco Sira, así de trabajadoras, astutuas y sensibles. Es así como quizás se explique el fenómeno masivo de lectores y espectadores, en su mayoría mujeres, que provocó la obra de María Dueñas


Si no la leyeron-vieron, el verano puede darles el tiempo para embarcarse en esta aventura por tierras exóticas: Madrid, Tánger, Tetuán, Lisboa... y en la moda increíblemente femenina y exquisita de la década del 30. La ambientación de la serie es, realmente, una maravilla.



El tiempo entre costuras, sin lugar a dudas se merece estar entre mis top ten del 2016.



Si quieren ver más sobre la época y los personajes históricos que aparecen, acá les dejo un blog con fotos buenísimas:

sábado, 3 de septiembre de 2016

Beckett y el mundo de las abejas, dramaturgia y dirección Rubén Pires

Reflexiones sobre el arte y la vida


Beckett y el mundo de las abejas, es una comedia perfecta, deliciosa, impecable desde el profundo y amable contenido hasta cada detalle formal.

No es común en el arte que se alineen todos los planetas para conformar este tipo de perlas raras: el interés biográfico por uno de los grandes intelectuales del siglo XX, un texto original y riquísimo, una adaptación cuidadosa que enriquece la novela original, una escenografía preciosa acompañada de la iluminación justa y un dúo de actores que nos hacen olvidar que estamos viendo una ficción para hacernos creer todo el tiempo que delante de nuestros ojos fascinados está transcurriendo, simplemente, la intimidad de una vida.





La comedia juega con la voz narrativa del asistente de Beckett contratado durante un verano pariense para que lo ayude a organizar sus archivos. El personaje entra y sale de escena hilvanando estas preciosas memorias en su diario íntimo: una manera de dejar constancia de esa experiencia vivida con el talentoso y admirado premio Nobel irlandés, que descubre un poco excéntrico, rebelde y amante de la buena cocina y la apicultura.



Realidad y ficción, verdad y verosimilitud, vida íntima e imagen pública, la escritura creativa y la escritura académica y el arte como espejo de la realidad son temas que están continuamente abordados en la obra y puestos en crisis a través de diálogos picantes, dinámicos e irónicos que ponen a prueba el sentido crítico del espectador.



Es una obra hermosa, que recomiendo profundamente, sobre todo a mis amigos literatos, dramaturgos, o amantes de la lectura y el teatro. Pero aunque no hayan leído nunca "Esperando a Godot" y tengan que ir a abrir la Wikipedia para enterarse de quién es el señor nombrado en el título, vale la pena que se den una vuelta por el Teatro de la Comedia los sábados a las 19 hs. Porque la obra es un canto a la vida y a la amistad.

Gracias especiales a Carlos Weber (Beckett) y Carlo Argento (Martín) por el talento y  la alegría que transmiten en lo que hacen.




Dramaturgia: Rubén Pires, inspirada en la premiada novela de Martín Page “La Apicultura según Samuel Beckett”; Intérpretes: Carlos Weber (Beckett) y Carlo Argento (Martín); Música: Federico Mizrahi;Vestuario: Mecha Uría; Escenografía: Sabrina López; Diseño Gráfico: Nah Lamoglia; Asistente de Escenografía: Mariana De Sancho; Diseño de Luces: Rubén Pires; Asistente de Dirección: Lily Andrade;Dirección General: Rubén Pires; Duración: 65 minutos


La novela:
Me gustó tanto el texto que no paré hasta encontrarlo en una librería de la calle Corrientes.
A continuación, algunos fragmentos:


" ¿Quieren archivos? Entonces voy a fabricarles algunos." En los labios se le dibujó una sonrisa.
Así fue como Samuel Beckett me reclutó para su fabricación de archivos. Era una farsa, me pagaban para participar en ella y me codeaba con un gran escritor. ¿Qué más podía pedir? Mi condición de antropólogo me asociaba a los investigadores que recolectaban todos los documentos posibles relacionados con él. Pero iba a jugar contra los míos. y eso me hacía sentir feliz. Estaba al lado del espécimen, un espécimen reacio y malicioso que tenía un papel activo frente a las construcciones que se harían de él en el futuro.
(...)
 "Hay que tomar los archivos como una ficción construida por un escritor y no como la verdad", dijo. "¿Y qué nos dice esa ficción? Ese es trabajo de los investigadores."
Me acordé de que él mismo había estado a punto de ser universitario. Estudiante brillante, esa era la existencia a la que se destinaba. Conocía bien ese mundo. Quise saber si no tenía miedo de perturbar la interpretación de su obra al dar informaciones falsas sobre su vida.
"No se sabe nada de la vida de Homero y poca cosa de la de Cervantes, Shakespeare y Molière, pero eso no impide que estos autores sean universales y susciten libros críticos. La vida personal está muy sobrestimada."
(...)
"Lo que importa es la biografía de quienes leen mis libros, más que la mía. Los universitarios harían mejor en investigar su propia vida si quieren entender algo de mi obra."
(...)
"Estudiar mi vida es una manera de no ver lo que se juega en la de ellos, y eso es lo que  mis libros intentan revelar."

Page, Martin, La apicultura según Samuel Beckett, Buenos Aires: Edhasa, 2015

viernes, 22 de julio de 2016

"Novecento" (Monólogo teatral) de Alessandro Baricco y "La leyenda del pianista en el océano" de Giuseppe Tornatore

La fascinación de una buena historia



Baricco, este autor italiano  tan delicado y sensible, destila emoción en la pieza teatral "Novecento" ( que aclaro no tiene nada que ver con la famosa película de Bertolucci).
Elige el monólogo, que está tan cerca de la narración oral de donde nacen los cuentos, para poner en las palabras de Max Tooney, el trompetista norteamericano del gran buque de pasajeros el Virginian, la fabulosa historia del mejor pianista del mundo que fue su amigo. La historia de Danny Boodman T.D. Lemon Novecento.

Hablar más sería contar la esencia de esta historia tan perfecta, por eso, simplemente, recomiendo la lectura de la obra  y luego el visionado de la película, la genial adaptación que hizo del texto el genial Guiseppe Tornatore, mago de las emociones. 

La reconstrucción histórica, las geniales interpretaciones de los actores Tim Roth y Pruitt Taylor Vince, la fotografía y la música, ah, la música de Enio Morricone seguramente los harán emocionar y reflexionar con esta hermosa leyenda que sin duda es una metáfora de la vida.


Para los que quieran compartir esta doble experiencia que me recomendó mi amiga Marisa, aquí les dejo los enlaces:

 "Novecento" (Monólogo teatral) de Alessandro Baricco (1994)



"La leyenda del pianista en el océano" de Giuseppe Tornatore (1998)



sábado, 25 de junio de 2016

La nieta del señor Linh, Philippe Claudel (2005)

La poesía que nace de la resistencia





Con un prosa diáfana que corre mansa como un arroyo tranquilo, la nouvelle de Claudel nos sumerge en el punto de vista del señor Linh. Nunca tenemos precisiones espacio temporales, solamente las sensaciones de un anciano exiliado de su patria de arrozales a una ciudad de rascacielos y cemento que lo recibe como refugiado.

En el atardecer de esa vida se agolpa todo el dolor y la incomprensión de un mundo injusto. Imposible no pensar en Vietnam con los bellos nombres del protagonista Tao Lai Linh y la criatura nombrada en el título la pequeña Sang Diu (Mañana dulce).

Sin oponer resistencia aceptamos la nueva cotidianidad del señor Linh con su nieta en un refugio de la ciudad. Vamos mirando con sus ojos, sentimos sus miedos, nos sentimos perdidos en el laberinto y encontramos, como él, el hilo de Ariadna cuando conoce al señor Bark, un hombrón bueno que le brinda su confianza.

Así, hermanados por el dolor, la pérdida y la soledad, estos dos hombres no necesitan saber el idioma del otro para comunicarse. Se entienden, con miradas, con pequeños gestos. Se devuelven el sentimiento especial de ser importante para otro.

El final de la novuelle es impactante, inesperado. Nos exige revisar cada página en busca de respuestas y las vamos encontrando, claro que sí. Porque La nieta del seño Linh es una narración perfecta y delicada, sembrada de indicios para el lector cómplice.

Esta experiencia de lectura me llevó a revisar lo que escribí sobre la película Poetry y sobre otra novela extraordinaria Tres luces recomendadas las dos por Razón del gusto.


Primeras páginas aquí

sábado, 30 de enero de 2016

Café literario: Lectura de vacaciones

Leer nos hace más felices



"¿Cómo nos sentimos y qué cambios experimentamos cuando nos sumergimos en una historia? ¿Tiene un efecto transformador? ¿Nos hacen ver los protagonistas de las ficciones nuestras contradicciones y deseos? ¿Nos recuerdan cosas esenciales, tal vez olvidadas?" Emma Rodríguez, El País semanal

Este es el título de un artículo de El País semanal publicado el 25 de enero de este año y que expresa lo que sentí este verano en relación a la lectura.

En mi semana de vacaciones en la querida playa de La Paloma, Uruguay, leí dos novelas. La primera, Tres Luces, de Claire Keegan de tan solo 88 páginas y las segunda, la esperada tercera gran novela de Jonathan Franzen, Pureza, de 697 páginas.

La primera, la exquisita nouvelle de una joven escritora irlandesa publicada por Eterna Cadencia, me sumergió de manera poética y sensible en la mirada de una niña campesina de los años ochenta, que me transportó a mis propias experiencias. Eso tiene de mágico y catártico la literatura: las semanas de la protagonista en la casa de los Kinsella, me trajo al presente la casa en Marcos Paz de mi tía Rosa, los veranos tórridos en esa casa blanca con canteros de flores de papel, molino, vacas a las que ordeñar cada mañana... las manos arrugadas y rojas de mi tía, el piso de granito fresco de la casa, el olor a jabón blanco y a limpieza, la muerte inexplicable de mi prima Toni... La hermosa y perfecta ficción me arrastró hacia adentro y  hacia el pasado y recobré con fuerza esa que fui, esa que soy. Terminé la novela con una emoción que nubla la vista y hace que dejemos el libro un poco abrazado contra nuestro pecho mientras con la otra mano nos secamos las lágrimas... Y más no puedo contar, porque en esta pequeña novela o cuento largo todo huele a secreto, a omisión, a extrañeza. Lectura que se hace de una sentada y que invita a la re-lectura.


La segunda y tan esperada, fue la novela de Franzen, autor que me sedujo con Libertad y Las correcciones. Una novela de 700 páginas devorada en cinco días de playa, completamente adictiva, me devolvió esa voracidad lectora de la adolescencia, ese encanto de penetrar un mundo completo y vivir la vida de unos pocos personajes que se transforman en nuestra familia, nuestros amigos, nuestros espejos mientras dura la intensa travesía. 
Franzen registra con minuciosidad el dilema de la pureza moral en mundo dominado por la hipocresía y el materialismo. Quizás sus raccontos y sus descripciones sean excesivos y el regodeo en detallar el mundo de las grandes corporaciones periodísticas y de Internet un poco snob, pero logra enamorarnos de sus personajes y además trenzar con oficio todo los hilos de esta inmensa saga al estilo de Balzac, o por qué no, de los grandes autores rusos. A los lectores del futuro les ayudará más leer Pureza que un libro de historia para entender como era el planeta tierra en el siglo XXI. Para nosotros, lectores del presente, es una lectura que nos enfrenta como un espejo a las contradicciones y neurosis de la sociedad occidental del Tercer Milenio.


La playa, sentada cómodamente en una reposera  o tirada sobre una lona, con el sonido del mar como banda sonora, siempre ha sido para mí el espacio ideal para esa lectura abstraída de lo cotidiano que se parece tanto al estado de meditación.


sábado, 28 de noviembre de 2015

El fantasma del colegio inglés



Hoy Razón del gusto le presta su casa a El fantasma del colegio inglés, una novela fantástica para chicos de 10 a 120 años.

Escrita hace doce años, fue presentada a algunos pocos concursos de literatura infantil, enviada a editoriales y leída por algunos seres queridos. Hace un año la saqué del cajón donde había quedado guardada, la revisé, la corregí, y decidí que sí o sí la iba a publicar durante el año 2015.

Después de muchas idas y venidas, me decidí por la publicación digital, en un blog. Simplemente porque, como me dijo un editor que me pidió leerla y luego nunca me dio su devolución : "hay muchas más razones en la industria editorial para no publicar una novela que para hacerlo".


Como no quiero pagarme mi propia edición y vivir rodeada de pilas de libros que nunca voy a distribuir y menos vender, con la ayuda de Gabriela Rachmil y Daniel Gluzmann, presento hoy este libro digital.

Funciona con flash, es decir que se dan vuelta las hojas con el cursor y está alojado en un blog para él solo:

https://elfantasmadelcolegio.wordpress.com/

Claro que me encantaría que algún día tome el formato de los libros de papel que amo tanto, pero por ahora, está disponible para que la lean y ojalá me dejen sus comentarios.

El fantasma del colegio inglés, mi novela, inspirada en la leyenda del fantasma que circula en el famoso colegio británico en el que enseño Literatura desde los 23 años. Hay mucha vida, muchas personas queridas, muchos sueños en estas páginas. Ojalá la disfruten tanto como a mí me dio placer escribirla.



RESEÑA

Priscilla, una niña de doce años,  entra como alumna pupila al colegio inglés donde estudiaron su abuelo, su padre y sus tíos. Será a ella, por su extrema sensibilidad e inteligencia, a quien se le aparezca Nicky, el fantasma de un niño que murió en el colegio y para muchos no es más que una leyenda.
La nostalgia del hogar, el primer amor, la amistad y los celos son temas que se entrelazan en esta novela de iniciación. Lo sobrenatural y lo real pueden ser una misma cosa para una chica demasiado soñadora como Priscilla.
Los nombres y lugares de la novela pueden pertenecer a personas conocidas pero eso es mera coincidencia. Quienes prefieran ponerles los rostros de esas personas a los personajes de la novela lo hacen por su propia responsabilidad. La autora fundió en esta ficción experiencias,  recuerdos, sueños, leyendas y charlas relacionados con el colegio en el que trabajó toda su vida y que siente como su segundo hogar.

LA AUTORA

LILIANA SCHWAB nació en Quilmes, Buenos Aires, Argentina, en 1958. Desde chica le gusta leer y escribir, estudió Profesorado en Letras y ejerció la docencia desde los 23 años. Está casada con un artista plástico con quien comparte las ganas de recorrer el mundo para admirar el arte y sentarse en el jardín de su casa a tomar mate mientras contemplan las plantas o el vuelo de los colibríes. Tiene dos hijos varones, dos hermanas, seis sobrinos y amigos entrañables diseminados por todas partes que son su verdadera riqueza. 
Como son muchas las cosas que le gustan en esta vida- los libros, el cine, el teatro, los viajes, el arte- tiene un blog, Razón del gusto, donde va guardando las sensaciones que va cosechando aquí y allá. Hoy es el espacio que alberga esta publicación online, aún inédita en papel.



viernes, 2 de octubre de 2015

Los libros en mi vida


Hoy una de mis alumnas de 6º año de la secundaria me mostró unas fotos de una obra que había hecho para Arte, un libro de artista trabajado con un libro que había rescatado de la biblioteca inundada, recortado y completado con bellísimas flores de papel realizadas exquisitamente a mano. 
Yo me emocioné, esa imagen tan bella y tan potente, que Fátima intuitivamente había creado, simboliza de manera perfecta mi amor por la literatura, mi vocación de toda la vida.

Por eso hoy esta obra de esta artista de 17 años es la portada de Razón del gusto y el tema de esta entrada.

Libro de artista, Fátima Fernández (2015)


Agrego también esta tira de Liniers que encontré hoy... ¡ y que vivan las buenas historias, esas dentro de las cuales da gusto perderse!




sábado, 4 de enero de 2014

Café Literario: Como una novela, Daniel Pennac*


Los derechos imprescriptibles del lector


Para Teresa y Anahí, lectoras empedernidas




"El equipo de pesca completo", A. Hughes

La avidez por la lectura decidió mi vocación, sin duda alguna. Recuerdo los dos últimos años del colegio secundario siempre con un libro debajo del banco, enajenada, leyendo todos los libros prestados por mi profesora de Literatura que fue mi iniciadora en esta pasión para toda la vida.
Pero como pasa con los grandes amores, cuando uno hace de esto la profesión, empiezan a entrar las obligaciones. Lecturas por compromiso. Re-lecturas como deber programático. Lectura de cientos de exámenes y ensayos para evaluar. Consulta de crítica literaria. No es que haya desaparecido el amor, pero sí quizás esa locura, esa exclusividad que nos llevaba a leer en cualquier parte, de cualquier manera, todo lo que llegaba a nuestra manos.


"En el prado", C. Monet

Hoy le dedico esta entrada a dos amigas, una amiga muy antigua y una amiga nueva: Teresa y Anahí. ¿Qué tienen en común? El desmesurado y hermoso amor por los libros.

La primera, Teresa, es casi amiga de toda la vida. Es una gran psiquiatra pero estoy segura de que ella se enorgullece por ser una gran lectora. Me encanta visitar librerías con ella y verla deambular, gozosa, tocar las tapas, ansiar los libros como trofeos que se llevará a casa para armar pilas de deseo desparramadas aquí y allá. Ella me regaló  en septiembre este hermoso libro de Daniel Pennac que hoy es protagonista del Café Literario. Como siempre, lo sacó de su biblioteca, amorosamente, y me lo entregó con un "estoy segura de que te va a gustar". No sólo me gustó, sino que me emocionó hasta las lágrimas y me hizo replantear mi relación con la lectura y con mi rol de docente de Literatura.


"Lectora y velador", H. Matisse
La segunda, Anahí, es una amiga de hace poquito, la conocí a través de su blog La lectora en la ciudad. Fui la feliz ganadora de un bello libro de cuentos en su sorteo de fin de año. Así fue como me acerqué a su casa a buscar mi premio y allí la conocí, más bella y transparente todavía en carne y hueso que en su entidad virtual. Le prometí una entrada en el blog y aquí va:

Algunos momentos de Como una novela de Daniel Pennac, ilustrados con bellas pinturas de lectoras, mujeres viviendo miles de vidas a través de los libros.

Compartimento C, Coche 193, E. Hopper
 "El verbo leer no soporta el imperativo. Aversión que comparte con otros verbos: el verbo "amar"..., el verbo "soñar"... (página 11)


"Leyendo en una tarde soleada", A. Banks

"Visto ahora en este comienzo de insomnio, aquel ritual de la lectura, cada noche, al pie de su cama, cuando él era pequeño -hora fija y gestos inmutables-, se parecía un poco a la oración. Aquel armisticio que seguía al estruendo del día, aquel reencuentro al margen de cualquier contingencia, aquel momento de silencio recogido antes de las primeras palabras del relato, nuestra voz al fin semejante a sí misma, la liturgia de los episodios... Sí, la historia leída cada noche cumplía la más bella función de la oración, la más desinteresada, la menos especulativa, y que sólo afecta a los hombres: el perdón de las ofensas. Allí no se confesaba ningún pecado, ni se buscaba conseguir un pedazo de eternidad, era un momento de comunión entre nosotros, la absolución del texto, un regreso al único paraíso que vale la pena: la intimidad." (página 31)



"La lectora", F. Botero


" Jamás le haremos entender a un muchacho que, por la noche, está metido de lleno en una historia cautivadora, jamás le haremos entender, mediante una demostración limitada a sí mismo, que debe interrumpir su lectura e ir a acostarse.

Es Kafka quien dice eso en su diario, el pequeño Franz, cuyo padre hubiera preferido que pasara todas las noches de su vida haciendo números." (página 58)

"Una lectura tranquila", E. Harris

"Hay que leer, hay que leer...
¿Y si en lugar de exigir la lectura, el profesor decidiera  de repente compartir su propia dicha de leer?" (página 79)


"La lectora", J. H. Fragonard

"Lo que leemos, lo callamos. Las más de las veces conservamos el placer del libro leído en el secreto de nuestra celosía. Bien porque no vemos en él nada que decir, bien porque, antes de decir una palabra, tenemos que dejar que el tiempo efectúe el delicioso trabajo de destilación. Ese silencio es la garantía de nuestra intimidad. El libro ha sido leído pero nosotros todavía seguimos en él." (página 82)


"Lectora", P. Picasso

"Si pensamos en la parte de las grandes lecturas que le debemos a la Escuela, a la Crítica, a todas las formas de publicidad, o, por el contrario, al amigo, al amante, al compañero de clase, o a veces incluso a la familia - cuando no coloca los libros en el estante de la educación-, el resultado es claro: las cosas más hermosas que hemos leído se las debemos casi siempre a un ser querido. Y a un ser querido será al primero a quien hablemos de ellas. Quizás, justamente, porque lo típico del sentimiento, al igual que del deseo de leer, consiste en preferir. Amar, a fin de cuentas es regalar nuestras preferencias a quienes preferimos. Y estos repartos pueblan la invisible ciudadela de nuestra libertad. Estamos habitados por libros y por amigos." (página 84)

"La lectora de novelas", V. Van Gogh

"Cuando un ser querido nos da a leer un libro, lo buscamos en un principio a él en sus líneas, sus gustos, las razones que lo han llevado a colocarnos ese libro en las manos, las señales de una fraternidad." (página 84)



"Lectoras",  P. A. Renoir


"Desde el momento en que se plantea el problema del tiempo para leer, es que no se tiene ganas. Pues, visto con detenimiento, nadie jamás tiene tiempo para leer. Ni los pequeños ni los mayores. La vida es un obstáculo permanente para la lectura.(...) El tiempo para leer es siempre tiempo robado.( Al igual que el tiempo para escribir, por otra parte, o el tiempo para amar.)
¿Robado a qué?
Digamos que al deber de vivir. " (página 120)

"The Reading Girl" Théodore Roussel


Y ahora esta última cita en respuesta a la entrada del blog de Anahí Flores "La lectora a fin de año":

"El cómo se leerá (o los derechos imprescriptibles del lector)
1. El derecho a no leer.
2. El derecho a saltarnos las páginas.
3. El derecho a no terminar un libro.
4. El derecho a releer.
5. El derecho a leer cualquier cosa.
6. El derecho al bovarismo (enfermedad de transmisión textual)
7. El derecho a leer en cualquier sitio.
8. El derecho a hojear.
9. El derecho a leer en voz alta.
10. El derecho a callarnos. "


¿Ensayo? ¿Antimanual? ¿Monólogo? Como una novela de Daniel Pennac es una obra insólita, que nos hace reflexionar sobre nuestra relación con el libro y nuestra posición como padres y docentes en la transmisión de este legado cultural. 



* Pennac, Daniel, Como una novela, Editorial Anagrama, Barcelona



domingo, 10 de noviembre de 2013

Café Literario: "Leonora" de Elena Poniatowska

Indiscreciones surrealistas


Foto de tapa:
P. Éluard, Leonora Carrington y Marx Ernst
 1937


¿Una novela o una biografía? ¿Una novela biográfica o biopic ? A través de más de 500 páginas, vamos viviendo la vida de Leonora Carrington, la gran pintora surrealista nacida en el Reino Unido que vivió la mayor parte de su vida en México DF. 
Siempre en tiempo presente, Elena Poniatwoska nos permite seguirle el tranco a esta mujer indómita, libre, maravillosa.
La novela se devora con la facilidad de una revista, a través de sus páginas se sucede la historia del convulsionado siglo XX. Arte y vida. Europa y América. Guerra y dolor. Imaginación y realidad. Amor y compañerismo. Maternidad y creación. Una larga vida, una bellísima vida. Leonora vivió 94 años haciéndose preguntas, recomenzando cada día, al margen de las corrientes de moda. Ella fue única.


A continuación transcribo algunos fragmentos para que quizás tengan ganas de seguir leyendo:

"-Nací un animal humano femenino y me dijeron que eso significa que soy una mujer. "Enamórate de  un hombre y sabrás lo que es ser mujer." Me enamoré sin saberlo varias veces. "Da a luz y lo verás." Di a luz dos veces y tampoco. (...) 
- No debes preguntarte quién fuiste, sino quién eres en este momento.
- Como lo que Alicia le responde a la oruga: "Yo no sé quién soy, pero sí sé quién era cuando me levanté esta mañana. Me parece que he debido cambiar varias veces desde entonces."
-Exactamente...
-Porque si soy mis pensamientos, Carl, entonces podría ser cualquier cosa; desde una sopa de pollo, un par de tijeras, un cocodrilo, un cuero o un leopardo, hasta un tarro de cerveza. Si soy mis sentimientos, soy amor, odio, irritación, aburrimiento, felicidad, orgullo, humildad, dolor, locura."

Autorretrato (con yegua y hiena)

" Ya nada tengo humano. Porque a los viejos no se nos considera seres humanos, no somos más que una bolsa rancia de carne en descomposición, un costal que se deposita en un asilo en cuanto empieza a tener mal aspecto. Lo único que nos queda es el miedo y la vergüenza porque la memoria falla, repetimos las mismas cosas a las mismas personas y resulta arduo recordar lo que tenemos que hacer, quizás porque la mente mira más hacia adentro, mira hacia la muerte"


"La giganta"

"¿Valió la pena cambiar la mansión de Hazelwood por una buhardilla de estudiantes en Londres y desafiar el mundo de la mano de Max? ¿Hundir el rostro en el lodo del manicomio y viajar a México con Renato? ¿Vivir exiliada en un país que la desconcierta y la aprisiona? Sabe que lo volvería a hacer, desde niña se acostumbró a tomar riesgos. (...) Soy una yegua que atraviesa la noche. I am a nightmare!"




"- (...) ¿Hubieras sido la misma de haber vivido en Inglaterra?
- No, habría sido más celta, más irlandesa. Quizás habría vivido en Westmeath. Pero, si lo pienso bien, México me hizo lo que soy porque si me hubiera quedado en Inglaterra o en Irlanda no habría añorado el mundo de mi infancia como lo hice aquí. Lo que pinto es mi nostalgia."


Laberinto




jueves, 15 de agosto de 2013

Café Literario: Mi vida querida, Alice Munro

Lo extraordinario de lo cotidiano

"La lectura que piden los cuentos de Mi vida querida no es la de la prosa sino la de la poesía... una revelación de algo que no se agota porque está en las palabras y un poco más allá de ellas. " ANTONIO MUÑOZ MOLINA

Asumo que cada día conozco un poco menos de literatura, y que no me alcanzarán los muchos o pocos años que me restan de mi hermosa vida para abarcar ni siquiera lo imprescindible. Pero por suerte muchas veces, hay libros que llegan de las maneras más inesperadas y me revelan un mundo nuevo, desconocido para mí pero absolutamente consagrado por la crítica y los años. Este es el caso de Alice Munro, escritora canadiense, cuyo nombre descubrí en la tapa de uno de los libros que lee la protagonista de "La piel que habito" de Almodóvar. Desde que vi esa película, vengo buscando en las librerías "Escapada" sin suerte, y hace unos meses me topé con su último libro de cuentos "Mi vida querida". Ya me fascinó desde la insinuante tapa: una mujer de espaldas, de edad indefinida, un delicado dibujo que nos escamotea el rostro, un retrato incompleto. Así, ambiguos, inquietantes, delicados son los cuentos de este volumen.


Alice Munro cumplió 82 años, y en este, que según ella es el último libro que publicará, ficcionaliza en "Finale", la última parte, momentos de su propia infancia y juventud.

Cada cuento de Alice Munro exhala bosque, nieve, estaciones de tren desoladas, pueblos soñolientos. Cada historia construye personajes sensibles, solitarios, llenos de sueños, frustaciones; hundidos en la rutina o jugándose en un segundo toda una vida.
Son cuentos etéreos, fugaces como el agua que se escurre aunque queramos retenerla en nuestra mano. Bellos, frescos, transparentes como el agua. Pasamos las hojas sedientos y el final queda escamoteado por pudor, o nos sorprende por ser tajante y cruel como la vida misma.
Cuando llegamos a la última palabra de cada cuento necesitamos cerrar el libro, cerrar los ojos, y quedarnos un ratito así, con el libro apretado contra nuestro pecho, pensando, deseando que dure un poco más.



jueves, 25 de abril de 2013

Caligramas,de Diana Briones

Dibujar poesía con palabras


Tengo en mis manos el nuevo libro de Diana Briones, "Caligramas", recién publicado por editorial AZ.


Pequeño y hermoso, me invita a abrirlo a cada rato y jugar con los rulos y formas que siguen las palabras para pintar momentos, pequeñas historias, instantáneas de lo cotidiano.


Editado como libro para chicos, es un objeto hermoso, que también a los adultos nos arrastra a un espacio lúdico de gozo y creatividad.



Por eso lo movemos para descifrar la poesía simple y bella que se conecta con ese chico que está allí dentro de nosotros con ganas de que los saquemos a jugar.


martes, 19 de marzo de 2013

Café Literario: El coronel no tiene quien le escriba, Gabriel García Márquez

Acerca del dolor de tripas, la diabetes y otras desigualdades




El coronel no tiene quien le escriba, la hermosa nouvelle del mago de las palabras volvió a mí  esta semana en que la estoy releyendo con mis alumnos.
No me referiré en esta entrada a todo el texto sino especialmente subrayaré la fuerte oposición que García Márquez condensa en las figuras del coronel y de don Sabas, el compadre diabético del coronel y la fuerza simbólica que cobra su enfermedad en el texto.
Si el coronel es la imagen de la dignidad y la carencia, Don Sabas con su casa de dos pisos y cuerpo obeso representa su exacto opuesto: la obscenidad de la riqueza en un pueblo de desigualdades.
El coronel padece de un dolor de tripas que no es otra enfermedad que el hambre y su mujer es asmática. Ellos carecen de todo, hasta son "huérfanos de hijo" porque a su Agustín se lo han fusilado por distribuir información clandestina en una sociedad en estado de sitio, toque de queda, censura y violencia.
El coronel sufre la peor de las postergaciones, él que ha defendido el tesoro de guerra en la Guerra de los Mil Días, espera desde hace décadas la carta con su merecida pensión, con ansiedad, con vergüenza. Ya lo han vendido todo, sólo le queda su ropa remendada y una olla vacía en la que se hierven piedras para que los vecinos no sospechen la humillación de no tener dos cucharas de café para el desayuno y hay que raspar la lata para engañar al hambre.
Escrita desde su exilio en París y publicada en el año 1961, esta novela nos refleja como latinoamericanos, es un espejo de la historia de nuestra tierra castigada por dictaduras e injusticias, pero en la que late un gallo de riña, que le pelea a la vida y que es símbolo de resistencia y esperanza.


Transcribo el diálogo entre el coronel y don Sabas, en el que se habla de la diabetes, de las desigualdades y de la muerte:

—La lluvia es distinta desde esta ventana —dijo—. Es como si estuviera lloviendo en otro pueblo.
         —La lluvia es la lluvia desde cualquier parte —replicó don Sabas. Puso a hervir la jeringuilla sobre la cubierta de vidrio del escritorio—. Este es un pueblo de mierda.
         El coronel se encogió de hombros. Caminó hacia el interior de la oficina: un salón de baldosas verdes con muebles forrados en telas de colores vivos. Al fondo, amontonados en desorden, sacos de sal, pellejos de miel y sillas de montar. Don Sabas lo siguió con una mirada completamente vacía.
         —Yo en su lugar no pensaría lo mismo —dijo el coronel.
         Se sentó con las piernas cruzadas, fija la mirada tranquila en el hombre inclinado sobre el escritorio. Un hombre pequeño, voluminoso pero de carnes fláccidas, con una tristeza de sapo en los ojos.
         —Hágase ver del médico, compadre —dijo don Sabas—. Usted está un poco fúnebre desde el día del entierro.
         El coronel levantó la cabeza.
         —Estoy perfectamente bien —dijo.
         Don Sabas esperó a que hirviera la jeringuilla. “Si yo pudiera decir lo mismo”, se lamentó. “Dichoso usted que puede comerse un estribo de cobre”. Contempló el peludo envés de sus manos salpicadas de lunares pardos. Usaba una sortija de piedra negra sobre el anillo de matrimonio.
         — Así es —admitió el coronel.
         Don Sabas llamó a su esposa a través de la puerta que comunicaba la oficina con el resto de la casa. Luego inició una adolorida explicación de su régimen alimenticio. Extrajo un frasquito del bolsillo de la camisa y puso sobre el escritorio una pastilla blanca del tamaño de un grano de habichuela.
         —Es un martirio andar con esto por todas partes —dijo—. Es como cargar la muerte en el bolsillo.
         El coronel se acercó al escritorio. Examinó la pastilla en la palma de la mano hasta cuando don Sabas lo invitó a saborearla.
         —Es para endulzar el café —le explicó—. Es azúcar, pero sin azúcar.
         —Por supuesto —dijo el coronel, la saliva impregnada de una dulzura triste—. Es algo así como repicar pero sin campanas.



El Café Literario de Razón del Gusto propone entonces la lectura o re-lectura de esta novela inmortal que se va poniendo mejor con los años y que con su síntesis brilla deslumbrante entre las páginas de García Márquez.