miércoles, 20 de septiembre de 2017

Diario de viaje: Arlés

15 meses para Van Gogh, un día para los viajeros

Y salimos bien temprano tras las huellas de Van Gogh a buscar los lugares que el pintor inmortalizó en sus pinturas de su época más conocida y admirada, cuando en medio de tanto dolor y soledad, él encontró la belleza. 

Pero a poco de caminar por las adorables callecitas, encontramos una baldosa de bronce con la imagen del pintor y su sombra. Entramos al Espacio Van Gogh, viejo edificio del Hospital adonde acudió para que lo curaran cuando se cortó la oreja. Allí estaba el jardín conocido, pero no estaba él. Porque, como dijo Daniel, Vincent está en sus cuadros, ese es el único viaje para encontrarlo.


Salimos, entonces, decepcionados de la falta de intención y calidad museográfica para un lugar de tanto interés cultural en relación al pintor más famoso del mundo y nos olvidamos de seguir su senda para ver Arlés con nuestros propios ojos.

Arlés es una villa francesa atravesada por la historia: el arte romano, lo románico, lo gótico, lo medieval y lo profundamente provenzal. El río Ródano y las callecitas amorosas, con sus comercios, sus restaurantes, su casas de ventanas de colores.

Así pasamos este día de sol del otoño de la Provenza, en Arlés, a solo una hora y media de Aix en Provence.

Las imágenes expresan mi mirada, la mía, no la del amado pintor, por lo tanto. 
Aquí van:



Iglesia de Saint-Trophime
Vitraux de Saint-Trophime


Hotel de Ville

Los Criptopórticos el Foro Romano


Hotel de Ville y Obelisco Plaza Principal
Arte románico en el Claustro de Saint-Trophime

Ala gótica del Claustro de Saint-Trophime
Claustro de Saint-Trophime
Claustro de Saint-Trophime
Claustro de Saint-Trophime
Claustro de Saint-Trophime
Claustro de Saint-Trophime
Niels Ackermann y Sébastien Gobert, Looking for Lenin (Exposición)

Niels Ackermann y Sébastien Gobert, Looking for Lenin (Exposición)




El río Ródano

Afiche callejero
Garfitti
Intercambio de libros en la calle
Mueblecito con lanas en la calle

Museo Réattu de Fotografía (exterior)

Museo Réattu de Fotografía
Museo Réattu de Fotografía
Museo Réattu de Fotografía
Miró en el Museo Réattu de Fotografía





Anfiteatro o Arena de Arlés
Anfiteatro o Arena de Arlés
Anfiteatro o Arena de Arlés

El Teatro Romano
El Teatro Romano
El Teatro Romano
Detalle de la fuente
Pensador moderno en los jardines de la Ville
Yo en Arlés

martes, 19 de septiembre de 2017

Diario de viaje: Atelier de Cézanne en Aix en Provence

Una visita a la obsesión de Cézanne


"¡El padre de todos nosotros!" dijo Picasso.



Solo basta alejarse algunas cuadras, por un barrio tranquilo que nos hace pensar cómo habrá sido esta Ville a principios del siglo XX, para llegar al estudio que Cézanne mandó a construir para trabajar: 50 metros cuadrados luz y tranquilidad, rodeado de un bosquecito y cerca de las montañas que él amaba pintar.


Hasta allí el maestro, con sus más de sesenta años, subía todos los días y pintaba desde las ocho a las 12, luego bajaba a almorzar y subía otra vez para trabajar a la tarde de dos a cinco.



Hoy entrar en ese recinto, con pisos de pinotea, paredes altas pintadas de un gris neutro, especialmente elegido para que no influyera en sus colores, y la colección de objetos que fueron los modelos de las naturalezas muertas, provoca una gran emoción. Esos muebles sencillos, sus sombreros, el sobretodo, la camisa de pintor y los materiales de trabajo hablan con  intensidad de la presencia del pintor.



Paul Cézanne, quien dedicó su vida entera a la pintura, eligió este lugar de luz y silencio para seguir intentando las formas y colores perfectos de las frutas, telas y pequeños objetos, o seguir pintando las montañas de las cercanías. Aquí pintó también las últimas Grandes Baigneuses, como la tela era tan grande y no podía sacarla del taller, mandó a abrir una rara puertita vertical en el estudio. ¿Qué prueba más palpable de que este hombre no se achicaba ante nada?

Quiero dejar constancia de algo que me dejó muy asombrada.Hoy podemos ver este lugar tan inspirador y emocionante gracias a la voluntad y la acción de admiradores norteamericanos de Cézanne que compraron la propiedad y pudieron vencer la rapiña de los agentes inmobiliarios que hubieran demolido todo para construir edificios rentables. No fue el estado, no fueron franceses del medio de la cultura, fueron extranjeros apasionados por la obra del pintor que abrió el camino a la pintura del siglo XX

Atelier Cézanne: una visita obligada, vayan solos, si pueden caminando como hacía él y pidan la audioguía, tiene solamente 5 apartados y es muy aprovechable.

Allí encontrarán intacta la vida de Cézanne dedicada hasta el día de su muerte a la pasión de la pintura, a la pasión por su Provenza natal. Una visita que seguramente les llenará el alma como a nosotros y les hará buscar los cuadros de Cézanne y leer más sobre su vida.



A continuación, las fotos más lindas que saqué en esta visita: