lunes, 29 de octubre de 2012

Hasta siempre 6º Año...

Nos encontraremos en las palabras





Hace casi dos años que nos encontramos para  mirar a través de la ventanilla y asomarnos a la isla al mediodía. Así fue mi clase con ustedes: un locus amoenus, un lugar al Sur en el se ofició una ceremonia secreta: la del encuentro con la literatura y sus autores.
Entendimos juntos que detrás de todo Jekyll hay un Hyde, que vale la pena vencer la cobardía para soñar el sueño de los héroes... convencidos de nuestra verdad como Antígona o vacilantes como Antigone. 
En cada lectura vivimos la vida de la hija de un conde y sufrimos con su caída, pero también fuimos Kino y Juana y comprendimos que no hay perla en este mundo que asegure la felicidad.
Siempre entre nosotros se repitió ese milagro secreto de la confianza y del respeto. Aprendimos a admirarnos  mutuamente y a seguir las ideas del otro en los debates en este pequeño jardín de senderos que se bifurcan. El traidor y el héroe nos conmovieron con el tema que se repite, el de la ambigüedad de la vida. 
Encontramos en la poesía la rosa y la azucena pero también la ceniza y el polvo enamorado. Hicimos del carpe diem nuestra religión y nuestra promesa.
Nos enamoramos del amor con Tita y Sierva María, y conocimos todo del amor y otros demonios. Nos empachamos de comida mexicana y de realismo mágico. Detestamos a los dueños del poder y compadecimos su soledad. Nos hicimos uno con los santos inocentes y entendimos que un pájaro vale lo mismo que la vida de un hombre. Porque en la literatura la justicia es poética.
Nos vamos con todas estas imágenes, pero nos quedamos unidos para siempre en las palabras, cada vez que nuestros ojos se posen en ellas y nuestra imaginación las haga volar.
Los abrazo con todo mi corazón.
Miss Liliana 

domingo, 28 de octubre de 2012

Café literario: "Estupor y temblores" de Amélie Nothomb

"En Bélgica, el surrealismo es una cuestión de supervivencia"
Amélie Nothomb


Amélie Nothomb, es una de esas raras y bienvenidas sorpresas que se dan en la literatura. Esta prolífica y original escritora no solamente desde hace años es un éxito editorial sino que es mimada en los círculos académicos, a diferencia de las autoras hispanoamericanas protagonistas del boom editorial de la literatura "femenina" de los '80, cuestionadas por su estilo almibarado.
Hija de padre diplomático, hizo del extravagante periplo de sus primeros 15 años la cantera de donde extrae sus ficciones. Nació en Japón, tierra que se convirtió en el paraíso de la infancia; a los cinco años la llevaron a China, donde se sintió desterrada del Edén; a los nueve caminó las calles de la Gran Manzana; a los doce vivió en la India y practicó el ascetismo; y a los quince volvió a la patria que le corresponde por herencia: Bélgica. La patria de su lengua materna: el francés.


Sus libros son autobiográficos, será por eso que su imagen aparece en la tapa de casi todas sus novelas. 
La escritura de Amélie es ligera, fresca, humorística. Su estilo no se parece al de nadie, sin embargo subyace  en él el absurdo kafkiano, la calidad confesional de Marguerite Duras, el surrealismo de Boris Vian, la comicidad de Tom Sharpe... Es todo eso y es algo completamente distinto.
Estupor y temblores, Gran Premio de Novela de la Academia Francesa en 1999, narra las peripecias de la misma Amélie, que vuelve a Tokio a los veinte años con la ilusión de trabajar como intérprete en una gran empresa nipona.
 Así empieza la novela: 
"El señor Haneda era el superior del señor Omochi, que era el superior del señor Saito, que era el superior de la señorita Mori, que era mi superiora. Y yo no era la superiora de nadie.
Podríamos decirlo de otro modo. Yo estaba a las órdenes de la señorita Mori, que estaba a las órdenes del señor Saito, y así sucesivamente, con tal precisión que, siguiendo el escalafón, las órdenes podían ir saltando los niveles jerárquicos.
Así pues, en la compañía Yumimoto yo estaba a las órdenes de todo el mundo"


A lo largo de 143 páginas, fluyen las experiencias desopilantes de la joven empleada occidental en una empresa japonesa, diseccionadas por el humor corrosivo y a la vez tierno de esta autora, que como una mártir contemporánea, soporta inclaudicablemente la humillación de sus superiores hasta convertirse en menos que nada. Desde ese lugar de enajenación total, Amélie puede, con una inteligencia brillante, sacarle una radiografía estremecedora a la sociedad japonesa consagrada a la producción y al trabajo.   La ambigua relación de admiración-odio con su inmediata superiora, la señorita Mori Fubuki, la hace entrar en profundas reflexiones sobre la belleza de la mujer japonesa, como un milagro de heroísmo:
"Tienes obligación de casarte, a ser posible antes de los veinticinco años, tu edad de caducidad. Tu marido no te dará amor, salvo que sea un retrasado mental, y ser amada por un retrasado no proporciona felicidad alguna. De todos modos, no te darás cuenta de si te quiere o no. A las dos de la madrugada, un hombre agotado y a menudo borracho regresará para derrumbarse sobre el lecho conyugal, que abandonará a las seis de la mañana sin haberte dicho ni una palabra. Tienes la obligación de tener hijos, a los que tratarás como dioses hasta los tres años, edad en la que, de repente, los expulsarás del paraíso para alistarlos al servicio militar, que durará desde los tres hasta los dieciocho años y más tarde, desde los veinticinco años hasta el día de su muerte. Estás obligada a traer al mundo a seres que serán todavía más infelices en la medida en que en los tres primeros años de su vida les habrán inculcado la noción de felicidad".


Si en "Baterbly, el escribiente", Melville plantea el absurdo a partir de la inacción, en Estupor y temblores, el infierno para la protagonista es el sometimiento a la inacción o a la repetición de acciones carentes de sentido que inmovilizan a un cerebro curioso y rebelde, que sembrará de anarquía creativa los 44 pisos de un edificio de cristal.
Para mí esta novela es la puerta de acceso a la obra de una autora que me seduce con su inteligencia. Yo seguiré leyendo, sin dudas, más obras de su producción. Por suerte, se consiguen varios de sus títulos principales en Argentina.

domingo, 21 de octubre de 2012

Babylon,una joya de la Televisión Digital Abierta

Un policial negro bien argentino



La serie Babylon, escrita, producida y dirigida por Gastón Portal aparece como una propuesta que sorprende por su calidad dentro del horario caliente de la televisión abierta. Fue seleccionada como programa de ficción en los concursos de la Televisión Digital Abierta, organizados por el Ministerio de Planificación de la Nación. Otra muestra de que el apoyo estatal a las artes en los últimos años ha dado la posibilidad de producir libremente productos audiovisuales muy elaborados, sin la presión del rating o del éxito de taquilla.


Babylon aborda cómodamente el formato del policial negro, "negro", porque aquí no hay héroes, sino seres que continuamente atraviesan los límites entre el éxito y el fracaso, el bien y el mal, la mentira y la verdad. Pero lo hace desde la hibridación con la comedia y con el comic. Esto le da un carácter liviano, casi naïf que la hace encantadora, a la manera de la inolvidable "¿Quién engañó a Roger Rabbit?".


Por supuesto, como en todo policial, hay un crimen por resolver, en este caso habrá uno por cada uno de los 13 episodios. El protagonista, el joven fiscal Frank Vitelli, interpretado por un convincente Federico Olivera, es el hijo de un famoso comisario, que ha muerto de manera todavía misteriosa. Es además la voz narradora en off de cada historia. El hallazgo de una historieta encargada por su padre a un dibujante amigo en el que él de niño aparece como superhéroe, lo conduce a Babylon, un night-club donde encuentra al ex-comisario Lauro Das Pedras, un papel que le cae como anillo al dedo a Norman Briski. Das Pedras, toma los casos que no puede resolver el comisario Clay (Luis Luque), quien ha sido el creador del ICC (Investigaciones Criminales Científicas) y que reduce los móviles del crimen a tres razones: codicia, venganza y celos.


Vitelli entiende que necesita a estos dos pesos pesados que han formado en otros tiempos un trío invencible junto con su padre, para solucionar aquellos casos en los que la esquemática fórmula del sistema de Clay no llega. Allí, Das Pedras, con su increíble mala suerte, con sus desbordes y con su puño vengativo, cubrirá lo que falta.
Por otro lado está la propia vida personal de Frank, este niño-adulto, que pide leche chocolatada aún en un cabaret, y que ha empezado a vivir con su novia, la fresca y bellísima Pucca, protagonizada por Alexia Moyano. Pero en Babylon se reencontrará con la Tanita (Martina Gusman), la hermética y sensual dueña del local, a quien ha conocido de niño porque su padre solía llevarlo a Babylon. Estas dos hermosas mujeres, que no pueden ser más opuestas, no solamente desde sus estilos de vida sino desde esos dos tipos tan distintos de belleza, prometen el desarrollo de un interesante triángulo amoroso. 


A mí personalmente, lo que más me gusta es el tratamiento visual elegido para contar la historia. Todo es blanco y negro excepto dentro de Babylon, con sus violentas luces de colores y sus brillos de cabaret.
La inclusión de las viñetas de los cómics, los largos paneos sobre los grafittis de la cuidad, y la música... El jazz nos seduce ya desde la cortina musical con la irresistible versión de "Take Five" por Dave Brubeck Quartet.


Ya van por el capítulo 4, no se la pierdan todos los domingos a las 22 por Canal 9, o si prefieren online.



domingo, 14 de octubre de 2012

Las criadas, de Jean Genet

Genet para todos


"...para Genet el ejercicio teatral es demoníaco; la apariencia, a punto de hacerse pasar por realidad, debe revelar sin cesar su irrealidad profunda. Todo debe ser falso"
Jean Paul Sartre, San Genet



El Complejo Teatral de Buenos Aires, en su temporada 2012  ha apostado a llevar a escena un plato fuerte, un bocado exquisito para los amantes del teatro. Esta hermética y negra pieza de Genet, estrenada en 1947, hoy en Buenos Aires, misteriosamente convoca a todo tipo de público. Muchos atraídos por el éxito televisivo de Paola Barrientos, la Vicky de "Graduados" y la simpática mujer adicta a las ofertas de la famosa publicidad de un banco. Otros siguiendo la trayectoria de la deslumbrante Marilú Marini, que desde hace varias temporadas viene desde París a Buenos Aires, para que los porteños podamos disfrutar una de las lecciones de teatro de esta actriz con mayúsculas. El resto, seguros de que una puesta de Ciro Zorzoli, uno de los directores jóvenes más interesantes de los últimos años, repetirá la calidad de "Estado de ira".



Genet se basa en una historia real. En 1933, las hermanas Papin asesinaron a sus patronas. El doble crimen golpeó de manera feroz a la sociedad francesa, las hermanas asesinas confesaron que no tenían nada contra sus víctimas, las cuales siempre habrían tratado con mucha consideración a sus empleadas. El dramaturgo encuentra en esta noticia policial el germen para una obra claustrofóbica y ambigua en la que las criadas juegan a ser la Señora, a la que admiran y odian por igual.


Las criadas, Solange y Clara, traman el asesinato de su Señora, juegan a ser ella, visten sus ropas y sus palabras déspotas, invaden su cuarto, se miran en su espejo para olvidarse de su triste vida de sirvientas.
La llegada de la Señora, transportada en un fragmento de escenografía como si fuera un barco, marca mejor que ningún momento la condición de representación, de pura falsedad que señala Sartre sobre la obra de Genet.
Ciro Zorzoli decide mostrar los mecanismos de la representación acentuando un encuadre meta-teatral, en el que el decorado, mediante un ajustado dispositivo escenográfico, logra que las paredes se desplacen y se eleven, para que continuamente veamos el trabajo de detrás de escena y no podamos olvidarnos ni por un minuto de que lo que estamos viendo es mera representación.


Paola Barrientos y Victoria Almeida, están presentes en escena los 90 minutos con una catarata verborrágica y una energía en el trabajo corporal impresionantes. Las dos jóvenes actrices ya nos tienen acostumbrados a maravillosos trabajos, la primera como protagonista de "Estado de ira", la segunda en "El trompo metálico". Pero sin dudas la que nos deja sin aliento es Marilú Marini. Su impetuosa presencia es arrasadora, estremecedora. Parece salida de un cuadro expresionista alemán. Su voz, su cuerpo de bailarina, la violencia de sus movimientos, la fuerza de sus palabras, todo en ella encarna el grotesco en estado puro. La hemos visto encarnando los textos de Beckett, de Copi, de Genet. Sueño con verla representar a Clara Zachanassian, la protagonista de "La visita de la vieja dama" de Friedrich Dürrenmatt. El teatro se merece que ese personaje se encuentre con esta actriz única e irrepetible.



Funciones: miércoles a sábados, 21hs; domingos, 20hs.
Platea y Palcos bajos: $80 - Platea alta y Palco balcón: $60- Tertulia: $35
Miércoles, día popular: Platea, Platea alta, Palcos bajos y Palcos balcón$ 40.-; Tertulia $ 25
 
Teatro Presidente Alvear 
Avda. Corrientes 1659
4373-4245
Boletería 0800-333-5254

miércoles, 10 de octubre de 2012

Homeland, una serie para no perderse

 Un modo nuevo de hacer ficción

Inspirada por la recomendación de uno de mis blogs de cabecera, Morir en Venecia, me lancé a la búsqueda de la primera temporada de esta serie que acaba de recibir el Globo de Oro a la Mejor Serie dramática y a la mejor Protagonista Femenina, merecido trofeo para la versátil actriz Claire Daves.




Antes, algunas consideraciones sobre por qué comenzar la sección Unitarios en televisión en este blog. Me gustan las series. Me gustan las series norteamericanas. 
Admito que soy muy crítica de las políticas culturales estadounidenses, en general le escapo a su cine pochoclero, detesto las cadenas de fast food y sigo lamentando la colonización que nos ha hecho perder viejas costumbres como la de comprarle al almacenero del barrio para venderle el alma a los grandes supermercados que nos hacen creer que compramos "al mejor precio". Pero, debo confesar, ellos, los "yanquis", como me gusta llamarlos, son los creadores indiscutibles de las "series" televisivas. No importa si son comedias, como Friends, Los Simpsons, Sex and the city, o dramas que nos internan en la vida hospitalaria como Grey`s Anatomy, o Dr. House...  series de suspenso, policiales, perversitas como Nip Tuck... las hay para todos los gustos. Varias generaciones, compartimos este sentimiento, el de sentarnos frente al televisor y ver por enésima vez ese capítulo que ya vimos pero que se nos hace imposible desechar cuando pasamos con el zapping. 
Siempre estuvieron y  están a la vanguardia de este formato y en varias ocasiones han transformado el espacio intrascendente de la caja chica en un espacio para el arte. Algunos guiones son verdaderas joyas. Es una lástima, que en el afán de hacer durar el éxito,  muchas veces se prolongue lo bueno para terminar desgastándolo.

Sinceramente, lo que más me pesa de ver series es la obligación de acordarme del día y la hora. Esa atadura me hizo perder en el pasado muchas propuestas interesantes. Pero ahora las cosas cambiaron. Mis hijos me enseñaron ese modo nuevo que tienen los jóvenes de ver televisión: desde la computadora, a la hora que quieren, dosificando el material  a demanda del tiempo y del interés.


La primera temporada de Homeland, con sus 12 hipnóticos capítulos no da tregua. El guión es brillante. Ya desde el primer capítulo se ponen sobre la mesa todas las cartas: intriga, espionaje, sexo, relaciones familiares, la verdad y la mentira, la traición, la enfermedad, los traumas, la religión. Pero también hay un interesantísimo trasfondo político social, nada más ni nada menos que las relaciones de Estados Unidos con Irak después del 9/11. Y eso es lo que más me moviliza, que una serie norteamericana indague, valiéndose de la ficción, esa oscura y vergonzosa historia reciente y real : la manipulación de los medios, la hipocresía del poder, los ataques norteamericanos a poblaciones civiles en Irak, la utilización de la tortura en ambos bandos, la paranoia de muchos, la omnipotencia de algunos, el controversial sentido de heroísmo de una nación en armas.


Ya la realidad nos dio la lección de que ninguna ficción puede compararse a la transmisión en vivo y en directo de los atentados de Al-Qaida a las torres gemelas del Wold Trade Center... Homeland, sin perder su condición de puro entretenimiento, dispara muchas preguntas éticas, pinta seres humanos contradictorios y vulnerables, sugiere que tanto en Oriente como en Occidente todos los hombres tienen el mismo talón de Aquiles: la necesidad de amar y ser amados.
Y no les voy a contar nada de nada de Carrie ni del Sargento Nick Brody... Consigan la serie en DVD o bájenla en Torrent y emprendan el alucinante viaje a Homeland, para prepararse para la segunda temporada que ya va por el segundo capítulo por Showtime.
No se la pierdan y después me cuentan...

domingo, 7 de octubre de 2012

Sábados mágicos en el Malba: Beatriz Milhazes y Cornelia frente al espejo

Las pinturas de Beatriz Milhazes y Cornelia frente al espejo



Visitar el Malba siempre ha sido para mí una experiencia estimulante. Desde que abrió sus puertas hace diez años, El Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires que alberga la colección Constantini es uno de mis lugares predilectos. Solamente entrar a ese edificio, fisgonear en la tienda, tomar un cafecito resulta un buen plan, mucho más cuando vamos con el entusiasmo de ver una muestra que nos han recomendado o que esperamos en Buenos Aires.

Como todo importante centro cultural cosmopolita, el Malba acerca las nuevas tendencias y organiza exposiciones muy bien curadas en sus espaciosas salas que modifican su espacio y sus colores para cada exhibición.

Ayer, siguiendo la pista del estreno de "Cornelia frente al espejo", la encontré en la programación de Octubre de Malba. cine. Buen plan para un sábado nublado: pasar la tarde en el Malba.


A continuación voy a hablar de dos experiencias muy distintas pero que para mi percepción fueron como la entrada y el primer plato de un banquete exquisito, cuyos sabores y aromas se potenciaron mutuamente.



Beatriz Milhazes, todo el color y la magia de lo eterno femenino




Durante los meses de septiembre a noviembre, subir al segundo piso del Malba es entrar a otra dimensión de círculos y color. Ninguna foto, ningún catálogo pueden hacerle honor a la pintura de Beatriz Milhazes, una carioca de 52 años, que sabe conjugar lo mejor del arte óptico, del pop y del realismo mágico latinoamericano. 
Nos recibe en la galería la enorme intervención escenográfica diseñada por la artista especialmente para este espacio, que como una cortina infinita se extiende a lo largo del larguísimo pasillo. Dentro de las salas, sus enormes lienzos, llenos de texturas, nos hacen acordar a los calcos, a las figuritas, al espirógrafo que usábamos las niñas de los 70 con biromes de colores, a los arabescos infinitos que todas las mujeres dejamos en papeles cuando hablamos por teléfono o estamos aburridas en alguna reunión. Dicen que es la pintora más buscada de la actualidad y que en Sothebys sus cuadros están valuados en 600.000 libras esterlinas. Y sí, yo entiendo por qué. Son cuadros inspirados e inspiradores que contagian vida.



"Cornelia frente al espejo", el elogio del estado de perplejidad
 A las 20, con el auditorio completo, antes de apagarse la luz, para nuestra sorpresa, el director de la película, Daniel Rosenfeld,  nos presentó a las actrices y nos prometió un encuentro y unos vinos al final.
Ya desde los créditos, entramos en el mundo onírico que nos propone la película con la acertada elección de  los grabados de Max Ernst.

Basada en el cuento homónimo de Silvina Ocampo, el guión respeta fielmente los diálogos de un cuento que es puro diálogo, casi una obra de teatro.
El diálogo entre el cine y la literatura es frecuente desde el mismo nacimiento del cine, pero generalmente los lectores nos quedamos desilusionados con la versión fílmica. No es este el caso de la película de Rosenfeld que logra reproducir el mismo estado de estupor, la misma ambigüedad que genera este bello cuento-nouvelle de Silvina.

Para los que no leyeron el cuento, lo cual recomiendo antes de ver la película, Cornelia es uno de esos personajes lánguidos y a la vez apasionados, una joven de la oligarquía porteña venida a menos. Muy poco o casi nada sabemos del pasado de Cornelia, ella es el puro deseo del presente y ese deseo es morir. Para ello entra a la misteriosa mansión abandonada de su tía, llena de objetos guardianes del silencio, amenazantes desde su inmortal materialidad.
Cornelia, encarnada en Eugenia Capizzano, se materializa como una de las bellas esculturas que acaricia la cámara. Eugenia le presta su voz y su cuerpo a Cornelia para que deambule etérea por los distintos recintos de esa casa traspasada por los mínimos hilitos de luz que se filtran por las ventanas. Las palabras del cuento parecen nuevas en su boca, a tal punto que es necesario volver al texto para descubrir que sí, que allí estaban quietitas, esas palabras que antes de ver la película no habíamos visto, porque miramos sin ver o somos un poco miopes como dice Cornelia de sí misma.


Las sucesivas apariciones de Eugenia Alonso, Rafael Spregelburd y Leonardo Sbaraglia crean tres momentos sólidos y bien distintos. El diálogo con Leonardo Sbaraglia pone en escena la inversión de Las mil y una noches, no es ella, como Sherezade la que quiere distraer a la muerte sino que es él quien le pide más historias con la ilusión de hacerla olvidar del suicidio. La narración de la romántica aventura con Pablo, ilustrada con las bellas fotos de principios del siglo XX seleccionadas de la revista Camera Work, es uno de los momentos más logrados del film.
La charla informal entre vinos con el director, completó esa sensación con la que uno sale de la sala: sólo personas enamoradas intensamente de un proyecto pueden hacer algo tan bello. Lograron transmitir esa sensación de produce el texto, la de salir con telarañas pegadas después de entrar a una misteriosa y oscura casona en la que la luz  de las ventanas que abrimos va resucitando a los espejos para que despierten esos rostros que se miraron en ellos.


La música, las alusiones a la muerte del cisne, a Alicia en el país de los espejos, las metáforas especulares, la presencia de la niña y el acierto de retacear su imagen detrás del vidrio fragmentado. Todos son fragmentos de ese todo que es el cuento y la película de los que solo nos llevaremos retazos.
La niña de diez años... La adivina, La divina, Ladvinia? la de La Rosa Verde... encierra toda la ambigüedad de la obra de Silvina Ocampo. Todos pasamos por esos estados de perplejidad en la vida cotidiana... Como se pregunta Cornelia, ¿cómo no me di cuenta de que esmeralda, era Esmeralda, la calle conocida?
Lo más lindo de "Cornelia frente al espejo" es que uno vuelve a casa con la necesidad de buscar otra vez el cuento. Que una película basada en un texto tan rico e inasible produzca esta sensación es la mejor prueba de que se ha logrado la maravillosa alquimia entre el cine y la literatura.

Malba.cine:
Ciclo Fantasmas, durante el mes de octubre
CORNELIA FRENTE AL ESPEJO, de Daniel Rosenfeld: sábados a las 20 hs.

Horario exposiciones: 12 a 20 hs. 

Entrada a exposiciones $30. Entrada al cine $23. Importante: estudiantes, docentes y jubilados lleven tarjeta o algún documento para acreditarlo así les hacen el descuento del 50%