sábado, 25 de febrero de 2012

“50/50” de Jonathan Levine y la vida como una ruleta



“50/50” es una comedia aunque su tema sea el cáncer. Basada en una experiencia real, cuenta cómo transita la enfermedad un joven de 27 años, en tono intimista y evitando el melodrama característico de las películas de Hollywood que abordaron hasta el presente historias basadas en la enfermedad innombrable.
Joseph Gordon-Levitt y Seth Rogen protagonizan y producen esta película que bien podría haber sido una de las tantas que se han realizado en los últimos años que hacen un culto a la amistad entre varones, con toques de misoginia para justificar esas absorbentes relaciones entre machos.  Sin embargo, este film, sostenido por dos actores que trasuntan credibilidad, toma el punto de vista de Adam, un muchacho tímido y querible que de repente se enfrenta a un diagnóstico inconcebible: él tiene cáncer y puede morir. Debe someterse a quimioterapia y según lo que leyó en Internet tiene tantas posibilidades de salvarse como de morir. 50/50.


Si hubiera visto esta película cualquier otro día,  creo que la ficción no hubiera hecho tanta mella en mí. Si bien resulta intolerable la muerte traicionera, ésa que viene con la guadaña a llevarse la flor que está por abrirse al sol, 50/50 no tiene golpes bajos, es más, hay cierto empecinado distanciamiento hacia el dolor. Hay humor, hay mordaz cinismo. Sin embargo yo lloré, lloré mucho, lloré todo lo que no había llorado en estos días por tanta muerte inútil, tanta muerte tercermundista, muerte trucha, muerte entre hierros retorcidos. Lloré por los 51 muertos de la estación Once, lloré por Lucas, que podría haber sido yo, que podría haber sido uno de mis hijos.


Tantas veces usaron los poetas la metáfora del tren de la vida. Miguel Hernández nos atraviesa con su “Tren de los heridos”, ese tren que transportaba a los jóvenes soldados mutilados de la Guerra Civil Española. Un tren hospital ambulante. Pero ningún poeta habla del tren cáncer, el tren que enferma, tren gusano de metal que inocula la peor de las miserias: la de hacernos olvidar de nuestra dignidad humana, la que nos obliga a la resignación de viajar peor que animales.

En mis 31 años de historia laboral tuve solo dos licencias por enfermedad y las dos se debieron al tren. El Roca. La Plata-Quilmes. Fueron cinco años, los más difíciles de mi vida. Salir a las 5 para llegar al trabajo a las 8. Viajar sin vidrios, tiritando en invierno. Sufrir las demoras, las cancelaciones, los apretujones. Yo no me acostumbré, mi cuerpo y mi mente se enfermaron, me salvaron. Me mudé para vivir cerca del trabajo. Pero en mí quedaron las cicatrices y esta semana las sentí en carne viva.  


Sé que cuando vean la película, esta asociación les parecerá absurda. Porque como les dije, 50/50 es una comedia. Con los ojos tristes y la bella sonrisa de Joseph Gordon-Levitt y toda la humanidad y la cara de buen tipo de Seth Rogen.


lunes, 20 de febrero de 2012

"El artista" de Michel Hazanavicius

 A Julián, con quien disfrutamos este film único y a quien le debo muchas de estas ideas.



"The artist", el film francés nominado para 10 Oscars, es una película encantadora, en el sentido completo de la palabra porque es amena, tierna, bella pero también porque nos hipnotiza, nos encanta con su magia. Creo que si una cámara hubiese estado filmando a la platea del Cinema Paradiso de La Plata (adonde voy a menudo a ver las películas que nunca se estrenan en Quilmes), habría captado la misma expresión embelesada y concentrada del público que aparece en la primera escena de la película. En un elegante teatro se está estrenando la película muda de  George Valentin (Jean Dujardín), una estrella absoluta en el año 1927. Del otro lado de la pantalla, el productor y el elenco asisten ansiosos a la proyección y salen, al final, al escenario para recibir la ovación del público. Con gran acierto, el realizador subraya la importancia de la música para el cine mudo mostrando la imponente orquesta que acompañaba la proyección.
La falta de sonido en los créditos luego reemplazada solo por la música que va creando los distintos climas de la historia narrada y la falta de sonido ambiental hacen que agudicemos tremendamente la concentración y la observación. Así, empezamos a intentar leer los labios de los personajes, aunque más nos dicen los gestos, las miradas, las sonrisas. Los separadores con los diálogos nos permiten darle otra importancia a las palabras separadas de la imagen. Cada mínimo detalle del vestuario o de los decorados cobran un inusitado valor. El blanco y negro, con sus exquisitas gamas es muy apropiado para contar una historia de esa época y hay momentos de una gran belleza.


Quizás porque no hay que escuchar y leer los subtítulos tenemos toda la atención para valorar los encuadres, los montajes. Por ejemplo, el procedimiento para resaltar el paso del tiempo y la paulatina degradación de la pareja del actor, sintetizada en la sucesión de desayunos, nos recuerda lo mejor de "Citizen Ken" de Orson Welles.

 "The artist" es una película sobre la industria del cine que devora desde siempre a sus primeras figuras. El descenso de George Valentin y el meteórico ascenso de Peppy Miller, que se hace conocida por salir en la tapa del diario como una de sus fans, queda plasmado simbólicamente en el encuentro en las escaleras de la productora cinematográfica. Cuando, con la crisis del 30, Valentin produce y dirige la última película muda que lo llevará a la quiebra, la joven actriz se transforma en el rostro amado del cine sonoro. "The artist" es también una historia de amor, bien contada, con momentos sublimes como las tres escenas en que la pareja baila. La transición de las tomas fallidas que deben repetirse y que muestran "la flecha de cupido" es una escena antológica del cine romántico de todos los tiempos.


Pero no nos confundamos. "The artist" no es una película simple o ingenua como quieren ver algunos. Como enfatizó rotundamente al salir del cine Julián, mi hijo de 17 años,  es una película moderna que nos demuestra que en la era del 3D sólo hace falta una buena historia, actores carismáticos, buen gusto e inteligencia para hacer entretener y emocionar. Todos los otros recursos están ahí, para que el director elija qué hacer con ellos. Cuando salimos del cine nos queda bien claro que el Technicolor y el sonido Dolby, en esta película estaban de más y ...¡qué impacto producen los pocos sonidos ambientales, tan bien puestos!

El título,"El artista", se refiere sin dudas al protagonista, este galán de cine mudo con la sonrisa seductora de Gene Kelly y el elegante porte de Roberto Valentino, cuya peripecia es narrada con toques de humor y drama. Pero después de ver la película, para mí alude también a la función del director, este gran "artista", mago de las imágenes. Hazanavicius es el artista que logra sorprendernos con este film original e inclasificable.

Vayan preparando el Oscar para Uggie, el perro de la película... Co-pratagonista innegable, este simpático perrito blanco y negro con su actuación impecable, aporta frescura, dinamismo a la película y logra que todos salgamos sonriendo y hablando de él.

viernes, 17 de febrero de 2012

Ibsen o la tragedia sin sangre

“Ibsen inaugura el drama del espíritu, la tragedia sin sangre, que es la verdaderamente humana, que es la única, y por ello su creación es el pivote sobre el que gira el teatro universal.”
Alfredo De la Guardia 

                                              *
Por la sección "Los clásicos" desfilarán por este blog aquellos creadores que me sorprenden por su vigencia. Ellos han sido en su gran mayoría incomprendidos entre sus contemporáneos; han escandalizado, movilizado, perturbado, incomodado.

Hoy quiero referirme al dramaturgo noruego Henrik Ibsen (1828-1906). En los últimos 6 meses vi tres puestas teatrales de tres de sus obras más importantes que demuestran el interés que sigue despertando en los directores y en el público.
Me impacta profundamente cómo las obras de Ibsen, después de más de 100 años, siguen movilizando nuestros prejuicios,  eso nos da la medida de cómo los textos de este autor han debido ser completamente intransigentes con su época des-velando la doble moral, la represión y la autorepresión, la hipocresía, la profunda complejidad humana. Sus héroes no aparecen como meras marionetas del Destino sino víctimas de su pasado, de sus propias elecciones. Ibsen junto con August Strindberg han sido considerados como los padres del teatro moderno y lo sorprendente es que de la zona más nórdica de Europa, de esa región de inviernos de densas nieblas y noches que duran 6 meses, hayan surgido estos visionarios del alma humna que percibieron, en la opresiva segunda mitad del silgo XIX, que el mundo estaba cambiando. Ellos vieron las primeras grietas en los claustrofóbicos salones de la sociedad burguesa encorsetada por duros prejuicios de género y de clase. 

En prìmer lugar me referiré a "Casa de Muñecas".  He visto muchas versiones de esta obra y la he leído muchas veces. Cuando la leemos con mis alumnos, adolescentes del siglo XXI, los varones siguen juzgando duramente a la protagonista por abandonar el hogar. ¡Qué cercana es esta Nora, esta mujer que ha sido siempre tratada por su padre y por su esposo como una niña! ¡Qué valiente y qué trágica su decisión! ¡Qué profundamente frágil y superficial aparece su esposo, Torvaldo, que actúa según su capricho y egoísmo y en su ceguera es castigado con la inexplicabe emancipación de "su muñequita"!
 En julio del año pasado, pude ver la que fue para mí la mejor puesta en escena de esta obra en el Arcola Theatre de Londres, gracias a la exquisita intuición de Noelia que reservó las entradas en este encantador teatro off londinense. Toda la fuerza de ese texto se potenciaba en la atractiva escenografía que subrayaba simbólicamente los temas de la obra. Por ejemplo, el escenario del pequeño teatro tenía las plateas a ambos lados, por lo tanto los espectadores estábamos muy próximos a los actores y según nos hayamos sentado a la derecha o la izquierda, sin duda nos llevamos una distinta percepción del espectáculo. Colgaban de las parrillas con tanzas invisibles todo tipo de objetos asociados al mundo femenino: espejos de mano, peines y cepillos, tazas de té de porcelana, cupcakes…  

 
Tres actrices que funcionaban como el desdoblamiento del pasado, presente y futuro de Nora, permanecían en escena y en los momentos de conflicto aparecían , expresando coreográficamente los sentimientos en pugna dentro de la protagonista. También, como titiriteras, manejaban las marionetas de los hijos de Nora. Estos muñecos, al estilo de los usados por “El periférico de los objetos”, interactuaban con la protagonista en una bella escena en que quedaba bien claro que ella es una niña más y necesita crecer para poder ser madre.


En segundo lugar,  en diciembre, con mi amigo Sebastián, para festejar el inicio de las vacaciones fuimos a ver "Estado de ira", del director Ciro Zorzoli, una producción del Complejo Teatral de Buenos Aires que llegó al teatro Metropolitan, después de exitosas temporadas, excelente críticas y variados premios. La obra es dinámica, de un humor desopilante y mordaz. La gran sorpresa para mí fue comprender, detrás de esa supuesta comedia, lo mejor de Ibsen. La obra transcurre durante un largo ensayo de Hedda Gabler. Una primera actriz debe prepararse para hacer el reemplazo de la protagonista de esta famosa obra de Ibsen y acude a una oscura dependencia pública en la que un grupo de actores mediocres, que se dedican al oscuro oficio de prepararse para hacer reemplazos, la deben ayudar a pasar la letra.

Lo paradójico es que si en la obra de Ibsen, Hedda es una mujer especuladora y manejadora de las voluntades de todos los que tiene alrededor, en esta pieza la primera actriz, que al principio es recibida con honores, empieza a ser sometida a todo tipo de impertinencias, violencia verbal y física por parte de los actores que van depositando en ella todo su resentimiento y sus frustaciones, mientras cumplen con el deber de ayudarla a aprender la letra y las marcaciones del director en unas horas. Es imprescindible subrayar el impresionante trabajo físico de todos los actores en especial de la protagonista, Paola Barrientos, que va desintegrándose en esta absurda pesadilla de la que no puede escapar.

Por último, la semana pasada,  fui a ver "Espectros", una producción del director Mariano Dossena, protagonizada por Ingrid Pellicori y Walter Quiroz, que estará en cartel hasta abril en el Centro Cultural de la Cooperación. En una puesta en escena completamente tradicional, el maravilloso texto de Ibsen se abre paso y nos conmueve. Como en las otras obras de Ibsen asistimos a la develación de un secreto familiar que fue corroyendo, como un gusano insistente, los pilares de las relaciones familiares.
La "tragedia sin sangre" que queda plasmada en las obras de Ibsen es el reconocimiento del "error fatal" de haber desperdiciado toda una vida por obedecer los fuertes condicionamientos sociales: "Me habían inculcado algunas enseñanzas, en las cuales no exitían más que obligaciones. Y he vivido largo tiempo con esa convicción. Toda la existencia se limitaba a deberes; mis deberes, sus deberes". Así se excusa ante su hijo la señora Alvin por haberle mentido sobre su padre toda la vida.


Ibsen sigue vivo en las carteleras teatrales y seguirá depertando el mismo interés porque sus personajes contradictorios, egoístas y atormentados por la culpa nos resultan humanos, demasiado cercanos.  Nos recuerdan que tarde o temprano las mentiras estallan, que lo que se calla mata, que no debemos dejar que las presiones sociales nos quiten "la alegría de vivir".

*El retrato de Ibsen pertenece al artista expresionista Eduard Munch que fue amigo del dramaturgo noruego.



 

domingo, 12 de febrero de 2012

Julio Cortázar y el otro lado de las cosas

A Mabel Morvillo

"Desde pequeño, mi relación con las palabras, con la escritura, no se diferencia de mi relación con el mundo en general. Yo parezco haber nacido para no aceptar las cosas tal como me son dadas." Julio Cortázar



 Un 12 de febrero de 1984 yo viajaba en colectivo, parada, mirando por la ventanilla y espiando con el rabillo del ojo los titulares del diario que estaba leyendo la persona que estaba sentada al lado mío. De repente vi la noticia de la muerte de Julio Cortázar. Han pasado muchos años pero aún recuerdo la pelota de tristeza en el estómago que me obligó a bajarme y a caminar desconsolada, con ese desconsuelo que produce la pérdida de las personas cercanas e imprescindibles en la vida. 
Y a Julio hoy quiero recordarlo en la sección Inspiraciones de mi blog porque de él aprendí, en mi adolescencia, que nada es tan simple como parece, que lo fantástico está a la vuelta de la esquina, que en la vida hay que perseguir el deseo.
Él entró a mi vida de la mano de Mabel, mi profesora de Lengua y Literatura de los tres últimos años de secundaria. En los convulsionados años 70 Mabel se animaba a leernos sus cuentos. Con su lectura cautivante, cierro los ojos y la veo sosteniendo con sus manos huesudas con muchos anillos de plata un libro con las tapas forradas. Creo que fue "Casa tomada" el primer texto que escuché- leí. Hoy comprendo cuán valiente fuiste, Mabel, y te lo agradezco tanto. Tuve mucha suerte de tenerte como profesora, no todos leyeron "Rayuela" a los 17 años para un trabajo del colegio. Así marcaste en mí la vocación que me lleva cada año a abrir esa puerta a mis alumnos. Y cada vez que leo un cuento de Cortázar, me reconozco en vos.
Y el círculo se cerró cuando un ex- alumno me mandó la foto de la tumba de Cortázar en Montparnasse que había visitado para dejarle un poema, sujeto con un piedra... o cuando mi hijo en el medio de un embotellamiento dijo: "Esto parece La autopista del sur".
Julio Cortázar es uno de mis grandes amores, por eso la hermosa foto de Sara Facio siempre está en mi clase y en mi biblioteca. Lo amo por sus cuentos y por sus novelas, por su compromiso, por su humor y su ternura, por su eterna juventud.