viernes, 30 de septiembre de 2016

La revoluta, de Diego de Miguel

Un trabajo magistral en el Viejo Almacén Obrero


“Todos los grandes hechos y personajes de la historia se repiten, por así decirlo, dos veces: (…) la primera vez como tragedia, la segunda como farsa”.

 Karl Marx, El 18 de brumario de L. Bonaparte.




Vale la pena para los platenses y los que no lo son, reservar entradas un sábado a las 20 horas en el Viejo Almacén Obrero de La Plata (13 y 71) para asistir a un verdadero festejo del teatro independiente.

La revoluta, con dramaturgia y dirección de Diego de Miguel, es un engranaje perfecto,  una farsa que nos conecta con las razones y sinrazones de nuestra historia y nos enfrenta a nuestras propias contradicciones.

La revoluta es más que una obra, es una experiencia teatral. Comienza cuando debemos bajar por una escalerita de madera empinada al sótano claustrofóbico del Viejo Almacén Obrero devenido en la sala más apta para esta obra, porque de repente nos hallamos como los personajes, en ese sótano en el que un grupo clandestino está esperando la llegada de su General desde el exilio para tomar el poder. ¿Cómo no pensar en la década del 70, entonces? Sin embargo, el General, como Godot se hará esperar. 
Los apagones que nos dejan indefensos ante tanta oscuridad, la iluminación precisa, la escenografía justa, el lirismo de la música, van marcando los saltos temporales, los momentos en esta pieza que funciona como espejo deformado de una historia conocida. 


El texto impecable, plagado de ironía y paralelismos con la historia del siglo XX apela a la sensibilidad y a la inteligencia del espectador, pero también al corazón. Este texto preciso encuentra en las voces y los gestos de los cinco actores la amplificación que necesita.

A los que vayan a ver esta obra les sorprenderá encontrar tanto talento actoral, tanta magia, tanta calidad en un teatro independiente  de la capital de la Provincia. Como yo, no podrán más que irse agradecidos y maravillados de que el teatro esté más vivo que nunca, y no en una sala de la calle Corrientes sino en un Centro Cultural espectacular, movido por la pura pasión por el teatro que en estos meses está festejando de la mejor manera posible, con esta pieza exquisita, sus 20 años.

Para Diego de Miguel,  Vasco Andicoechea, Negro Cogo, Edgardo Desimone, Juan Felipe Hernandorena, Niem Nitai y Julieta Sargentoni, mis más sinceras felicitaciones.

Nos se la pierdan.




ELENCO: Vasco Andicoechea, Negro Cogo, Edgardo Desimone, Juan Felipe Hernandorena y Niem Nitai. ILUMINACIÓN: Negro Cogo. ESCENOGRAFÍA y VESTUARIO: Julieta Sargentoni. DRAMATURGIA y DIRECCIÓN: Diego de Miguel.

Sinopsis: En algún momento de la década de 1970, una logia clandestina planea tomar el poder. Su arma secreta: una máquina indestructible y un General en el exilio. Pero cuando la revoluta va a comenzar, una tragedia desencadena la farsa.

SÁBADOS 20 hs. - VIEJO ALMACÉN EL OBRERO, 13 y 71.
Reservas únicamente por teléfono al 451-9497, de lunes a viernes, de 15 a 19 hs. Espectáculo no recomendado para personas con movilidad reducida.

lunes, 26 de septiembre de 2016

Diario de viaje: Azulejos de Lisboa

Encantadores habitantes de otras épocas


En Lisboa los azulejos están por todas partes: en los interiores de las casonas, en las fachadas, en los museos y en las casas sencillas de los barrios.
Azules, amarillos, verdes... Forman arabescos y jardines de cerámica que embellcen la vida.

Aquí va mi selección de azulejos de Lisboa:
























domingo, 25 de septiembre de 2016

Diario de Viaje: Lisboa, Portugal

Fragmentos del diario de viaje y fotografías


"La felicidad (...) tiene muchos rostros. Viajar es, probablemente uno de ellos. Entregue sus flores a quien sepa cuidar de ellas, y empiece. O reempiece. Ningún viaje es definitivo."
J.Saramago, Viaje a Portugal













Bajando las callecitas de piedra sinuosas, con casas finitas de tres pisos y balcones en los que las vecinas tienden la ropa, se llega a la Praça da Rossio.

Las calles y veredas de empedrado forman diseños que nos recuerdan, por supuesto, a las veredas de Copacabana.











La luz después de la lluvia es enceguecedora. Cruzamos la enorme plaza y disfrutamos la vista del ancho río Tajo, que tiene el color del mar y nos quedamos al sol, contemplando el vuelo de las gaviotas.










Antes de regresar al departamento probamos la famosísima Ginjinha: un delicioso y muy dulce licor de guindas que la gente (visitantes y lugareños por igual) compran en el mostrador y beben en la calle.












Ni bien bajamos del tranvía vimos la famosa pastelería portuguesa de los Pastéis de Bélem, fundada en 1837 y probamos esos deliciosos pasteles de hojaldre y crema pastelera que se desahacen en la boca.




La arquitectura del Monasterio de los Jerónimos en el barrio de Belén quita el aliento. La piedra blanca esculpida con la que está realizado íntegramente es una filigrana exquisita.














En el barrio de El Chiado, con comercios señoriales siglo XIX, como papelerías, librerías y tiendas, se encuentra la tradicional confitería A Brasileira donde iba Fernando Pessoa a tomar café. Nosotros también nos refugianmos del breve chaparrón en una de sus mesitas de mármol.





El Museo Nacional del Azulejo, fundado por la reina Leonor de Portugal, está ubicado en el convento de Madre Deus. Es un museo muy lindo para admirar el fino arte del azulejo portugués a través de los siglos.








En la histórica Casa dos Bicos funciona la Fundación Saramago. En la vereda están enterradas las cenizas de José Saramago debajo de un olivo traído de Azinhaga, su pueblo natal y con tierra de Lanzarote, el lugar donde pasó sus últimos y felices años en compañía de su amada Pilar.












Con sus veredas de mosaicos impecables, con su tranvía y su ritmo lento, Lisboa es una ciudad única, poética y nostálgica.






Lisboa, enero 2015