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viernes, 30 de marzo de 2018

La reina del miedo, Valeria Bertuccelli y Fabiana Tiscornia

Condenada a elegir


“Estamos solos, sin excusas. Es lo que expresaré diciendo que el hombre está condenado a ser libre. Condenado porque no se ha creado a sí mismo, y sin embargo, por otro lado, libre, porque una vez arrojado al mundo es responsable de todo lo que hace”.
Jean Paul Sartre, El existencialismo es un humanismo




Heroína existencialista, Tina es arrojada a este mundo inexplicable, siente la náusea metafísica, la oscuridad de la existencia en la que ninguna compañía de seguridad puede hacerla sentir menos vulnerable ante el absurdo.

Hay muchas cosas que no sabe o no entiende. En su rutina desgastante tiene que hacerse cargo de una casa demasiado grande, de una fama profesional que la llena de obligaciones que la alejan del estado creativo, de una soledad que no entiende.

Se mueve todo el tiempo sin avanzar, está paralizada por la angustia. Una risa nerviosa se confunde con las ganas de llorar, todo el tiempo, todo el tiempo. 

A Tina le sobra empatía. Es la patrona comprensiva, es la amiga que corre al otro lado del mundo a estar con su amigo del alma que se está muriendo, es la clienta a la que la depiladora le cuenta sus dramas personales. Ella es así, entrañable, querible, anárquica.

Una sola cosa tiene clara: no quiere un árbol moribundo en su jardín. Quiere que la vida retoñe, quizás dentro de su propio vientre.

Las escenas en Copenhague junto a Diego Velázquez son de una belleza emocionante. Su amigo, en la aceptación de lo inexorable, la ayuda a aceptar su responsabilidad intransferible de elegir para que su vida no sea un mero transcurrir.


La reina del miedo es la gran ópera prima como directora de esta actriz excepcional, reina y señora absoluta de la pantalla durante toda la película.
No esperen ver una comedia, aunque haya situaciones desopilantes. Espiritual, absurdo y metafísico, el film nos expone a nuestro propio gran miedo: el pavor a que la vida se nos escape entre los dedos... No por casualidad la obra que no ensaya, porque como la vida se improvisa en escena, se titula "El tiempo es oro".

Vayan a verla al cine por la Bertuccelli, claro, pero también por el original guion, la preciosa fotografía y por la música original de Vicentico. Se van a sorprender.


Les dejo el link a la crítica de Carolina Giudice en Morir en Venecia, ella dice cosas importantes que yo también pienso y no vale la pena repetir.


lunes, 12 de marzo de 2018

Invisible, de Pablo Giorgelli

Cuando no hay con quien hablar



"El deseo mío y de María Laura Gargarella, con quien escribimos el guión, es dar una mirada de la soledad adolescente, no del aborto. Desamparo en tres órdenes: desde lo familiar; desde lo institucional, en una escuela que no registra ni estimula; y desde un Estado ausente" Pablo Giorgelli 

Eli, la protagonista de 17 años interpretada por Mora Arenillas, es seguida por la cámara desde el minuto 1 de la película. La vida la hizo fuerte. Trabaja, estudia, se ocupa de su mamá depresiva. Busca el amor donde puede, un poco de algo parecido al amor. 

Como en el cine de los hermanos Dardenne, el ojo del director la sigue con respeto, pero muy cerca, en cada pequeño gesto cotidiano, rutinario. La acompaña en sus periplos por la gran ciudad, en el colectivo, en el colegio, en la veterinaria donde trabaja. En ese mundo gris de monoblocs a ella le ha caído el peso del mundo: está embarazada.

Acá es cuando la prensa ha dicho que es una película sobre el aborto y yo disiento. Estrenada el 8M, en medio de la más grande marcha por los derechos de la mujer que se hizo en Buenos Aires, resulta cómodo publicitarla así.  Sin embargo, claramente para mí es una película muy femenina sobre lo difícil e intransferible que es tomar una decisión cuando una mujer está segura de que no quiere tener un bebé pero tampoco quiere abortar. ¡Qué fáciles son las dicotomías con las que queremos simplificarlo todo!


Giorgelli lo sabe. Y no opina, no panfletea, no milita ni a favor ni en contra del aborto. En su film no hay golpes bajos, sino lugar para la tristeza, para el silencio, para la soledad. 

Una película para ver, para reflexionar, para salir de las masificaciones. Una película que muestra lo solas e incomprendidas que podemos sentirnos la mujeres en este mundo. Aunque el espíritu de sororidad haga retumbar los tambores en las calles, todavía queda mucho camino por recorrer.
Las que más lo necesitan no van a las marchas ni entienden de luchas, están atrapadas en los márgenes. Como Eli.

Más Giorgelli en Razón del Gusto, la deliciosa película Las acacias.


viernes, 25 de agosto de 2017

La cordillera, de Santiago Mitre

Una ficción de la ficción política



La cordillera (Argentina-Francia-España/2017). Dirección: Santiago Mitre. Elenco: Ricardo Darín, Dolores Fonzi, Erica Rivas, Christian Slater, Elena Anaya, Paulina García, Daniel Giménez Cacho, Gerardo Romano, Alfredo Castro y Rafael Alfaro. Guión: Santiago Mitre y Mariano Llinás. Fotografía: Javier Julia. Música: Alberto Iglesias. Edición: Nicolás Goldbart. Diseño de producción: Sebastián Orgambide. Distribuidora: Warner Bros. Duración: 114 minutos. Apta para mayores de 13 años.

La película argentina más esperada del año. Con un presupuesto, una producción y una publicidad inusual para el cine nacional. Sin dudas, La cordillera es una película que hay que ver, pero no esperen palabras de entusiasmo o de emoción en mis razones del gusto.

La cordillera es una película glacial, especulativa, distante. Al principio pensamos que estamos accediendo al backstage del poder, a la soledad del presidente con su comitiva en una reunión cumbre de presidentes de América que decidirán los destinos energéticos del continente, pero poco a poco vamos sintiendo que marchamos por el inseguro camino de la nieve, no hay nada firme ni leal debajo de cada uno de esos  rostros. En ese mundo nadie es amigo de nadie, la mentira se transforma en relato de lo conveniente.

Como siempre, Ricardo Darín está a la altura de la situación. Nos creemos, como los ciudadanos durante su campaña, que es un hombre de provincia, un hombre común que llegó a presidente y que le interesa el bien común. Pero más tarde empezamos a desconfiar. No hay lealtad con nadie, mucho menos con el público, que sale del cine con un corte a negro, rumeando esa ficción de la ficción de la política que mueve los hilos del planeta en épocas de la pos-verdad.



Santiago Mitre, con la colaboración de Mariano Llinás en el guión nos confirma con este trabajo que es un cineasta que tiene claro qué quiere contar, y lo cuenta con eficacia. Para mi gusto, son impactantes las actuaciones de Érica Rivas, la asistente del presidente, Gerardo Romano, su primer ministro y la bella, bellísima Dolores Fonzi, una de las caras más expresivas del cine argentino, la única hija del presidente Blanco, atravesada por la esquizofrenia del poder.

No le hagan caso a las críticas que la juzgaron tibiamente, La cordillera es un película que no puedo decir que simplemente me gustó, sino que me hizo pensar, me estremeció desde su fotografía, me interesó para seguir pensándola. Es una coproducción, pero orgullosos estamos de que pertenezca a nuestro Cine Nacional. Y por supuesto, hay que verla en el cine, no es común acceder en el cine a la mirada de dios.

sábado, 22 de julio de 2017

Vuelo nocturno, de Nicolás Herzog

La leyenda de Saint-Exupéry y las princesitas argentinas



"Había aterrizado en el campo, y no sabía en lo absoluto que viviría un cuento de hadas. Este viejo Ford en el cual andaba no ofrecía nada en lo particular, ni este casero tranquilo que me había recibido.
-Lo alojaremos por la noche...
Pero a la vuelta del camino, al claro de la luna, se observa un conjunto de árboles y detrás de esos árboles, esa casa. ¡Qué extraña casa! Achaparrada, maciza, casi una ciudadela. Castillo de leyenda que ofrecía, desde el porche franqueado, un refugio tan apacible, tan seguro y tan protegido como un monasterio.
Entonces, aparecieron dos muchachas. Ellas me examinaron seriamente, como dos jueces enviadas a las puertas de un reino prohibido. La más joven hizo una mueca y golpeó el piso con una vara de madera verde, luego, se hicieron las presentaciones y me tendieron la mano sin decir palabra con una apariencia de desafío curioso. Luego desaparecieron.
Yo estaba divertido y también encantado. Todo eso era simple, silencioso y furtivo, como la primera palabra de un secreto"

Tierra de hombres, Antoine de Saint- Exupéry, Capítulo V, "Oasis"



Cuenta la leyenda que el Principito no es originario de Lyon, y que ni siquiera vino de un asteroide espacial: el Principito es argentino. La historia sobre los viajes de Antoine de Saint-Exupéry para abrir la ruta más inhóspita de la Patagonia argentina no ha sido contada muchas veces a pesar de su épica. Con una mezcla de investigación rigurosa y de sensibilidad personal, este documental aborda la historia y el mito que rodean el momento en que, a causa de un aterrizaje forzoso en Concordia, el escritor conoce a la familia Fuchs y a sus dos hijas: "las princesitas”. La serie de grabaciones que Saint-Exupéry le envió a Jean Renoir para una película que nunca llegaron a filmar sirven de puntapié para reconstruir a estos personajes. Domadoras de serpientes y de zorritos salvajes demasiado listas y sensibles para su edad, en ellas, aseguran los concordienses, está inspirado el héroe de la novela más famosa del francés. 


Todo esta anécdota increíble está narrada en el capítulo V de Tierra de hombres. 
El documental de Nicolás Herzog nos acompaña inteligentemente en esa curiosidad que nos despierta como espectadores. Va conjugando fragmentos en off de Tierra de hombres,  material de archivo, la voz del propio Saint- Exupéry, las bellas imágenas del documental "Oasis", entrevistas a parientes o vecinos de Concordia. Pero también va a buscar del otro lado del mar, para saber quién era el hombre detrás del escritor.
Yo no sabía nada del castillo San Carlos de Concordia ni de esta experiencia de Saint Exupéry que le inspiró "El Principito", el libro más editado en el mundo después de la Biblia. Es muy enternecedor percibir el impacto cultural que la estadía de esos 15 meses vividos allí por el escritor. El director logra captar esa impronta en las carrozas de carnaval, en los espectáculos en las ruinas del castillo (hoy museo), en los cuentos a los niños, en el orgullo de los concordienses que atesoran esa leyenda.

"Vuelo nocturno" se centra en la historia de uno de esos encuentros poderosos que cambian para siempre la vida de las personas. Un joven aviador francés aterriza de urgencia, por una avería de su pequeño avión en la llanura de una tierra desconocida y encuentra un insólito castillo y unas princesas que le hablan en su idioma y le explican que para domar zorros solo se necesita paciencia. Eso sí fue encontrar el oasis en el medio del desierto.


El documental podrá verse en el cine del Centro Cultural Recoleta los domingos 6, 13, 20 y 27 de agosto a las 19 horas. No se lo pierdan. 



domingo, 18 de septiembre de 2016

Gilda: No me arrepiento de este amor, de Lorena Muñoz

Entre la hagiografía y el panegírico


Yo siento que la vida se nos va 
Y que el día de hoy no volverá
Gilda


El biopic de Lorena Muñoz, con la interpretación de la actriz uruguaya Natalia Oreiro, es el evento cultural de estos días en Argentina con el estreno simultáneo en más de 250 salas.


Era difícil resistirse a la curiosidad por saber más sobre la historia del mito, en el vigésimo aniversario de su trágica muerte ocurrida en pleno éxito de su carrera meteórica de solo seis años. Y allí fuimos, a una sala colmada en el Showcase de Quilmes.

Seguramente, para Natalia Oreiro, este es "el papel" de su carrera artística, para el que se preparó toda la vida. ¿Y para nosotros? Quedamos atrapados en la magia de cómo la actriz se convierte paulatinamente en la cantante y en la emoción que empapa toda la película. Emoción producto del amor. Amor de la intérprete por Gilda, amor de la directora, amor de los fans emocionados que cantan las canciones en las escenas logradísimas de los recitales en el film.

La película es claramente un tributo. Soslaya aristas y lima asperezas y trivialidades de su vida. Se centra en la pasión por la música  por la que sacrificó su matrimonio, el cuidado de sus hijos, su imagen de mujer casada de clase media.




La cámara de Muñoz se pega al personaje, la sigue por los pasillos oscuros de su casa en momentos de insomnio y los lugares que frecuenta del ominoso mundo de la movida tropical. Pero también la recrea con los numerosos contraluces en primeros planos con los cuales resalta sus facciones con ese halo propio de los santos o iluminados.


Muñoz cuenta la historia que le dejan contar, la que habilita la continuación del mito incontaminado, esa que le permite su heredero, su único hijo sobreviviente del accidente en el que murieron Gilda, su madre, su hija y 3 de los integrantes de su banda. Esa que quieren oír sus miles de fans.



 A mí siempre la cumbia me dio tristeza, aunque para muchos sea la parte divertida de toda fiesta, yo me voy a sentar cuando empieza la música tropical.
Recuerdo que los únicos vecinos de mi cuadra que tenían un Wincofón pasaban incesantemente los Wawancó en la vereda cuando yo era una adolescente y que esa música no me parecía alegre, para nada. A mí me gustaba el rock: Pink Floyd, Sui Géneris... 
A Miriam Alejandra Bianchi también le gustaba el rock nacional, sin embargo como Gilda cumplió su sueño de ser cantante entrando por la puerta de la música tropical. Y allí se quedó. Quizás porque la cumbia es una flor que nace en el lodo, música de la resistencia, alegría de una noche de luces y música estridente para tratar de olvidar la dura realidad que queda afuera.

Gilda llegó a mi casa hace 20 años con el CD de grandes hits, que compró Daniel. Yo no la conocía, se fue metiendo de a poquito en lo cotidiano y sobre todo en los largos viajes al sur cuando el conductor pedía "Gilda" para no dormirse. Su voz angelical, sus grititos, sus letras llenas de metáforas inspiradoras y el ritmo de su banda se quedaron pegadas en algún lugar de mi corazón donde anida la nostalgia, y hoy es mía, como de tantos miles que en estos días lagrimeamos con vergüenza o con sincera devoción ante la pantalla.

Gracias, Natalia. Gracias, Lorena. Gracias, Gilda. Gracias por esta película necesaria.

martes, 13 de septiembre de 2016

El ciudadano ilustre, Gastón Duprat y Mariano Cohn

De lo autobiográfico en la literatura y otras yerbas (bien autóctonas)

Otra vez, como en la impecable película El hombre de al lado, la imbatible dupla de Gastón Duprat y Mariano Cohn logra un producto argentino hasta la médula y a la vez profundamente universal.


El ciudadano ilustre, protagonizada por Oscar Martínez, Dady Brieva y Andrea Frigerio, juega con los límites imprecisos entre realidad y ficción tan apasionantes, sobre todo, en la vida-obra de los narradores famosos.





Para ello, estos niños traviesos del cine argentino llevan la apuesta a fondo, y con el respaldo de la editorial Penguin Random House, lanzaron la novela "El ciudadano ilustre" de Daniel Mantovani, escrita por un escritor fantasma. Así se culmina en la realidad el juego de paralelismos y simetrías tan impactante que propone la película.



Todo en el filme es de una exquisitez poco común: la fotografía, las actuaciones y el perfecto guión.

La cámara se posa con deleite sobre las casas, los paisajes y las caras del pueblo de Salas como la mirada del protagonista, que coteja su recuerdo de las cosas con las cosas. Ese pequeño idilio del reencuentro irá virando lentamente a lo amenazante y pesadillesco con una maestría en el manejo del clima y el suspenso increíbles. Así de tierna, kistch, grotesca e hipócrita puede llegar a ser la vida en un pequeño pueblo bonaerense como Salas (que existe de verdad cerca de Lincoln, y que tiene menos de 400 habitantes).

A mí me encantó sobretodo la puesta en crisis de dilemas eternos como lo comopolita vs. lo nacional; lo autobiográfico como ficción de la narración de la propia vida; la fuerza del pasado en el presente; lo público y lo privado.

Pero sobretodo me impacta la agudeza con la que es tratada la poca validez de los premios, ya sea el Nobel o el premio pueblerino de la sociedad de fomento de Salas. Ambas situaciones descubren el entramado de compromisos, egos y arbitrariedades con las que se deciden los galardones que mueven el mundo de la cultura.

Más que merecido tiene Oscar Martínez el premio al mejor actor en el Festival de Cine de Venecia 2016. En esta película el actor pasa por todos los climas y matices, un gran papel creado a la medida de su physique du rol y gran talento actoral.



Y no permitan que les cuenten nada, nada. Vayan al cine sabiendo lo mínimo posible del argumento porque así disfrutarán muchísimo del suspenso y de la vueltas de tuerca de uno de los mejores guiones del cine argentino.

No se la pierdan por nada del mundo. Y aprovechen que la están dando en todos los cines.

domingo, 3 de enero de 2016

Mi sala de Odeón: "El campo", Hernán Belón (2011)

El "Netflix criollo"


Basta con registrarse y de manera gratuita tener acceso a películas y series argentinas de alta calidad. Un programa muy tentador para las vacaciones. 

En series, si te perdiste "Historia de un clan" o "Cromo", o si, como yo, te quedaste con ganas de ver pelis que se estrenaron en el Espacio Incaa  y estuvieron en cartelera menos de un mes, acá te podés hacer la panzada.

Claro, te aviso que no está todo, pero hay una buena selección de comedias, dramas, documentales, pelis para chicos. Todo bien argento. Para que te pongas orgulloso de la calidad y variedad que alcanzamos en las últimas décadas de cien nacional.

Acá te iré comentando lo que vi y me gustó en estas semanas. Pero desde ya te recomiendo que si no las viste, no te pierdas las pelis que te pongo en esta lista:

  • "Carancho", Trapero
  • "Francia", Caetano
  • "El hombre de al lado", Cohn y Durprat
  • "Viudas", Carnevale
  • "Nazareno Cruz y el lobo", Leonardo Fabio (comentada en Razón del Gusto aquí)
  • "La mirada invisible", Diego Lerman
  • "La niña santa", Lucrecia Martel
  • "La ciénaga", Lucrecia Martel
  • "Kamchatka" Marcelo Piñeyro
  • "Cenizas del paraíso", Marcelo Piñeyro
  • "Boquitas pintadas", Torre Nilson
...Y muchas, muchas otras... Tenés para elegir.

Yo empecé la temporada con:

El campo, de Hernán Belón



La opera prima de Hernán Belón palpita en un paisaje conocido y familiar para muchos argentinos: la inmensa soledad del campo.
Allí, en algún lugar de la incomensurable pampa bonaerense, Santiago y Eli, una pareja urbana de más de treinta años con una nena de menos de dos, se arriesgan a la aventura de empezar una nueva vida en una hermosa casona muy venida a menos. Depende de cómo la mires, a muchos nos prodría entusiasmar esa casa en todo su potencial... pero llegan de noche, hace frío y tienen una nena. Y ya sabemos, muchas mujeres nos volvemos un poco obsesivas con nuestros bebés...


"El campo" bucea en la psicología de una mujer desarraigada y desconfiada, nos somete como expectadores a su mirada, que ve peligros en todo lo que desconoce, aún en el nuevo y desconocido ímpetu vital de su propio marido. 

Con trabajos magistrales de Leonardo Sbaraglia y Dolores Fonzi, una fotografía preciosista y un guión lleno de sutilezas y matices, esta película me encantó.

Los dejo con la exquisita reseña de Carolina Guidici en su blog Morir en Venecia.


domingo, 18 de octubre de 2015

Mi amiga del parque, Ana Katz



El otro rostro de la maternidad



Quizás porque soy mujer, quizás porque justo era un sábado al mediodía y yo salí, libre y sola a ver esta película en pleno dominio recuperado de mi tiempo y de mi voluntad en esta etapa de mi vida con hijos grandes. Quizás porque era víspera del Día de la madre y sobre todo quizás porque alguna vez me sentí como Liz, la protagonista, es que no puedo separar el impacto que rozó la subjetividad propia de mi género, sino también mi propio mundo y experiencia.

Cuando comenzó la película y la cámara empezó a seguir la cotidianidad de Liz con su bebé, esos actos tan comunes y a la vez olvidados de lo que significa la vida con un bebé, algo muy fuerte se despertó en mí. Un recuerdo viscoso, una sensación amputada, sublimada… la de la tierna, heroica, extenuante, solitaria e indecible vida con un bebé. Basta mirar las ojeras de las madres con bebés, las espaldas encorvadas, las miradas un poco perdidas para comprender ese estado de enajenación que no tiene prensa en las publicidades ni en la mítica imagen de la madre abnegada y realizada. 



Mi amiga del parque, con una frescura y una originalidad inusual, nos pone muy cerca de Liz, sentimos sus miedos y su soledad, quisiéramos darle algún consejo inútil, abrazarla, hacerle "el aguante"… Porque la entendemos, claro que la entendemos bien. 
En una escena sublime, antológica, que guardaré para siempre en mi cajita de escenas perfectas del cine de todos los tiempos, Julieta Zylberberg, esta Liz entrañable, entra a darse una ducha y por supuesto entra a su bebé al baño, en un gesto que todas las madres hemos hecho alguna vez. Hasta ese punto de dependencia llegamos, ni un minuto para cerrar los ojos tranquilas debajo del agua, porque ahí hay una vida que depende completamente de nosotras, así lo creemos o nos lo han hecho creer. ¿Por qué llora Liz debajo de la ducha?... ¿Porque su esposo se ha ido a trabajar a Chile y está sola con su bebé? ¿Porque su madre ha muerto hace menos de un año? ¿Por qué nunca ha podido amamantarlo y se siente culpable? ¿Porque extraña su trabajo en la editorial? ¿Porque sus hormonas post parto tienen desequilibradas sus emociones? Probablemente ni ella misma lo sepa... La abruma la vida.


Como el médico pediatra le aconseja que lleve al bebé al parque, aunque sea invierno, para que socialice, para que esté al aire libre, Liz saldrá todos los días y allí encontrará a una nueva amiga, en las hamacas con su bebita. Rosa es ambigua, demandante, intrusiva. Entra en la vida de Liz como “Pancho por su casa”. Rosa no la juzga, ¿qué va? Sus principios morales son bastante cuestionables, es una simpática buscavidas que arrastrará a Liz y a nosotros, espectadores, al riesgo. Liz necesita confiar y confía, a pesar de todo. Necesita de esa libertad de Rosa y de su hermana Renata. Liz necesita una experiencia “a lo Thelma y Louise”, esa con la que alguna vez todas hemos soñado.



Y es en esta relación en la que la película se muestra más genuina y brillante. Sacude nuestros prejuicios y nuestros miedos. Porque el film habla de la maternidad sí, pero sobretodo de lo importante que son para nosotras, las mujeres, esos encuentros con amigas, muchas veces fugaces o temporarios, con las que nos hace tan bien salir al bosque a jugar, para olvidarnos un poco de tanta responsabilidad, tanto trabajo y tanta culpa por no saber ser lo perfectas que indican los manuales o los doctores Sokolinskys de todos los tiempos.



Y como siempre en este blog el arte se mezcla con la vida, en este día de la madre brindo por todas las alegrías pero también por todas las angustias, los miedos, los fracasos, las imperfecciones que tuve como madre. Mis hijos ya se valen solos, son dos hombres peleándole a la vida. Sé que no fui tan importante, los cuidé como cuidan las hembras a sus cachorros, logré que no se lastimaran físicamente pero nunca pude ni podré ahorrarles los dolores del corazón que duelen más. 

Cada vez creo menos en los mitos impuestos, no sé lo que es el “nido vacío”. Me hace feliz que puedan y quieran vivir su propia vida. 
Somos madres, sí, felices de serlo. Pero así como para él varón nadie imagina que el rol de padre es su única misión en este mundo, para las mujeres la vida también es vasta y la maternidad es una experiencia valiosísima -para quienes la elegimos- que no nos define ni nos agota sino que nos enriquece y nos humaniza.




Argentina/Uruguay, 2015

Dirección: Ana Katz.

Guión: Inés Bortagaray y Ana Katz.

Duración: 85 minutos.

Intérpretes: Julieta Zylberberg, Ana Katz, Maricel Alvarez, Mirella Pascual, Daniel Hendler y otros.


Me gustó mucho esta mirada masculina de la película, para los varones que quieran verla: 



viernes, 12 de septiembre de 2014

La maldita presa, Sergio Bonacci Lapalma

Un cortometraje largo en talento




Conocí a Sergio cuando era un jovencito de secundario soñando con entrar a la Escuela de Cine. Como su profesora de Literatura siempre valoré su entusiasmo, su motivación y su apertura al conocimiento.
Hoy, llega de nuevo a mí su primer cortometraje, seleccionado en numerosos festivales nacionales e internacionales, que en este momento está concursando en el Viewster Online Film Fest 3.
Me parece una excelente ocasión para compartir con los lectores de Razón del Gusto esta obra en blanco y negro con todas las deliciosas convenciones del género y con guiños para los cinéfilos que nos recuerdan al Cronenberg de La mosca, a Los Pájaros o Psicosis de Hitchcock.  Pero que también nos remite a lo más genuino de la literatura de Horacio Quiroga en la cual el hombre está solo enfrentado a la naturaleza, pero sobretodo a los miedos de la propia mente alterada.



Les pido que hagan click en el enlace aquí abajo, vean la película que solamente dura 7 minutos y que si les gustó dejen un comentario y un Me gusta.

Con ustedes La maldita presa en el marco del Viewster Online Film Fest 3

domingo, 24 de agosto de 2014

Relatos salvajes, de Damián Szifrón

Shhhhhhh...



Que nadie te cuente nada... Ahora mismo yo me estoy muriendo por hablarles del ingenio y originalidad de Szifrón como guionista, del increíble despliegue técnico, del perfecto timing...


Me estoy mordiendo la lengua para no regodearme con las actuaciones de Grandinetti, Julieta Zylberberg y Rita Cortese, Leonardo Sbaraglia, Ricardo Darín, Oscar Martínez, Erica Rivas y muchos otros actores increíbles, todos juntos en 6 relatos, en seis cortometrajes que nos dejan sin aliento.




Una película negra cínica, impiadosa.
Una película cruel y amarga pero a la vez profundamente catártica.
Una película que a través de la hipérbole, el humor negro y el absurdo, nos arroja contra el espejo para hacernos trizas contra nuestra doble moral, nuestros prejuicios y nuestras mezquindades.


Una película "argenta" hasta la médula pero increíblemente universal que habla de lo locos que estamos los seres humanos amaestrados en la sinrazón de la sociedad capitalista occidental.
No se la pierdan, y vayan al cine, a la pantalla grande, a compartir el rito en una sala llena desde la primera hasta la última fila.

Y cuando salgan, sean generosos, no le cuenten nada a nadie... Shhhhhhhhh....

sábado, 8 de marzo de 2014

"El último verano de la boyita", Julia Solomonoff (2009)

El gran placer de tener INCAA TV




Así, de inesperado y hermoso, hacer zapping a las 10  de la noche y encontrarme con este canal que no sabía que tenía y con esta película.


Una historia original y sorprendente, una fotografía preciosa, el último verano de la infancia, y el campo... el verano en el campo, con sus siestas interminables, su tanque australiano, sus caballos, su gente.


Y para no contar nada de más, me atengo a la sinopsis de la película (seguramente escrita por su directora), para dejarlos con las ganas de ver esta película bella que honra al cine argentino:



"En un espacio aparentemente bucólico, un secreto se revela, accidental, espontánemente. Al volver de una cabalgata, Jorgelina nota una mancha de sangre en la montura. Y otra mancha en el pantalón de Mario. Mario no sabe qué decir. No sabe por qué, pero él no es como los demás. Jorgelina a partir de este descubrimiento lo acompañará en el camino del autoconocimiento y de la aceptación de su sexualidad. Una revelación que en lugar de separarlos los unirá más de lo imaginado."






lunes, 20 de enero de 2014

Ciertas miradas

Un recorrido por el Museo del Cine de Buenos Aires

































El Museo del Cine de Buenos Aires fue creado en 1971 con la colección particular del investigador argentino Pablo Ducrós Hicken.  Fue re-inaugurado en 2011 en su sede definitiva anexa a la Usina del Arte. 
Con entrada libre y gratuita, nos invita a pasear por sus pasillos en un viaje a la nostalgia.
Afiches originales, trajes, bocetos, fotografías, una valijita redonda con las iniciales de Niní Marshall, el traje del último Elvis vernáculo y en el auditorio un continuado de fragmentos, a la manera de la escena final de "Cinema Paradiso", con momentos inolvidables del cine argentino. 
Para más información entrar a la página web





sábado, 28 de septiembre de 2013

Wakolda, de Lucía Puenzo

La tercera película de una chica que sabe algo de cine

Lucía Puenzo, está disfrutando en estos días de uno de esos raros fenómenos del cine argentino. Seleccionada para representar al país en el Oscar  e iniciando la segunda semana a sala llena, Wakolda es una producción ambiciosa.


Vale la pena ir a ver Wakolda. Por los paisajes patagónicos, la ruta del desierto, el viejo Hotel Tunquelén frente al Nahuel Huapi, ese color medio sepia de las fotos de los años 60, y el casting perfecto.





Destaco especialmente el hallazgo de la pequeña Florencia Bado en el rol de Lilith,  con esa mirada ambigua e inquietante; la sobriedad de Natalia Oreiro; la belleza de Elena Rogers  en el histórico personaje de la espía de la Mossad y el parecido increíble de  Álex Brendemühl con el fatídico doctor Mengele, el Ángel de la muerte.




El cuaderno de anotaciones del doctor Mengele es una obra de arte; de hecho, Andy Rivas, el dibujante de esta maravilla y de los dibujos que aparecen en "Infancia Clandestina" está preparando su exposición en el Palais de Glace.




Basada en la novela homónima de la directora, Wakolda  se asoma a lo siniestro y nos deja en la antesala. Allí en ese espacio de incomodidad que provoca la intimidad aberrante entre una niña y un desconocido; allí donde intuimos que la intolerancia a lo diferente yace en las relaciones cotidianas y vuelve monstruosa la convivencia en el colegio de Lilith; allí donde la ciencia cruza límites inconcebibles y macabros.

En Wakolda hay momentos que erizan la piel, hay lluvia torrencial en una carretera solitaria, hay nieve y frío en un hotel abandonado, hay extrañas avionetas que sobrevuelan la casa de los vecinos, hay muñecas iguales con corazón mecánico; hay una niña a la que se le estiran los huesos como en un cepo mediante hormonas inyectadas. Así, un poco mecánica y fría es la relación que establece esta película con el espectador.


Y aprovecho esta entrada para responder la pregunta de Carolina Guidice en su excelente crítica sobre la película en Morir en Venecia : ¿se respeta la verosimilitud en la película?¿O nos quedamos afuera? 
Tratándose de un tema como el nazismo, me parece que cualquier ficción, ésta inclusive, por más inverosímil que parezca, se queda corta al lado de la realidad histórica. Cuando hace unos años, desde Munich tomé un tren a Dachau para visitar el primer campo de concentración creado para cumplir con el plan de exterminio de los judíos, sentí el mismo frío distanciamiento que hoy en el cine. Me bajé en un pueblito precioso, lleno de casitas blancas de dos pisos. Caminé unas 15 o 20 cuadras en un perfecto día de verano parecido a nuestra primavera. De pronto, al final de la alameda,  apareció, entre jardines, el portón de uno de los lugares más siniestros de la historia. Las casas vecinas, a metros, ¿cómo no se enteraron de los hornos crematorios?, ¿cómo permanecieron ajenas al horror?, ¿cómo es posible que la Cruz Roja visitara los pabellones y aceptara la versión de que allí los refugiados vivían en excelentes condiciones? 
Es cierto que en la película hay elipsis importantes, cosas que no se explican, por ejemplo el momento en que nacen los mellizos. Una mujer tan sufrida como Eva, pudo haber tenido el parto de dos sietemesinos con la ayuda de su hijo mayor y alguna criada. No nos olvidemos de que es su cuarto parto. Creo que no importa contar ese momento si no cómo se pueden salvar dos bebés que necesitan cuidados neonatológicos en medio de una tormenta de nieve, alejados de la ciudad. Esa situación límite justifica la intervención  de Mengele.
Por otro lado, hay una pequeña escena en la película que para mí le da sentido al personaje de Eva, interpretado por Oreiro (seguramente todos nos preguntamos por qué deposita su confianza y le entrega la salud de sus hijos a Mengele). Cuando llega a la vieja hostería donde fue criada, Eva recupera el idioma alemán con que fue educada, la lengua de sus padres, y entre las fotos viejas de su infancia, aparecen con naturalidad otras fotos familiares y grupales de la hostería en las que hay banderas con esvásticas y saludos nazis. Festejar los avances de las tropas alemanas sería seguramente un recuerdo personal, como para tantos chicos argentinos de las colectividades alemanas del interior del país; no solamente Bariloche, sino también Misiones, La Pampa, Córdoba. ¿Sabe quién es Helmut? Probablemente sí, y no le importe. Probablemente, sin embargo, al final, sienta que ha llegado demasiado lejos y por eso llama a la fotógrafa con la excusa de la foto familiar.
Mal que nos pese, Eichman, Mengele, Priebke vivieron en la Argentina, pasearon como Pancho por su casa, hubo una comunidad dispuesta a darles asilo. Esta película se asoma, con política corrección, a esa realidad atroz.