Para ir a la ciudad catalana de Figueres desde Barcelona, hay que levantarse bien temprano, ir hasta la estación Barcelona Sants comprar los pasajes ida-vuelta hasta FIGUERES. El pasaje cuesa 30 € y el viaje en tren, super puntual y cómodo dura menos de dos horas.
En la oficina turística dentro de la estación de Figueres nos aconsejaron tomar un colectivo local para ir primero al fuerte. Yo pensaba que íbamos a perder tiempo y energía, pero Julián, mi hijo, propuso ir al Castell de Sant Ferran y así lo hicimos, por suerte, porque fue un paseo impactante.
Cortamos camino por un bosquecito de pinos y llegamos al castillo fortaleza con capacidad para albergar a 6000 soldados.
El Castell de Sant Ferran fue el baluarte más grande de la Europa del siglo XVII. En 1808 Napoleón toma posesión de la fortaleza pero en 1211 el párroco Rovira toma la fortaleza y hace prisionera a la tropa francesa que sufre el un largo asedio hasta que, sin víveres, capitulan.
Almorzamos tortilla a la española en un restaurante que está enfrente y luego, ya repuestos, nos dirigimos a la entrada principal del museo, que antes era la entrada del Teatro de Figueres.
La entrada por la plaza es sorprendente. Todo, cada detalle, tiene el inconfundible sello de Dalí.
El laberíntico Museo Dalí es una experiencia surrealista en sí misma... Los patios, los salones, las obras que dialogan entre sí y despiertan el entusiasmo y el asombro de cualquier espectador aunque no sea un un entendido en arte.
¡En el Museo Dalí fuimos muy felices!
Si van a Barcelona, déjense un día para ir a Figueres, vale la pena.