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lunes, 16 de marzo de 2015

Estás igual, de Gabriela Izcovich


Otra vez Gabriela Izcovich nos deleita con una obra intimista e inteligente. Si en el 2014 nos emocionó con Alma teatral, este año nos hace reír y reflexionar con una comedia dramática que gira en torno a los vínculos de pareja pero, sobre todo, tiene como eje el paso inexorable del tiempo.


La comedia empieza in media res. Silvia (Gabriela Izcovich) se ha encontrado después de 10 años  con Camilo  (Fabián Arenillas), quien fuera su pareja por muchos años. El encuentro no resulta para nada tranquilizador, continuamente la mente de los dos, sobre toda la de ella, intenta trazar los paralelismos, simetrías y oposiciones entre el pasado y el presente. Mejor dicho, el pasado se superpone sobre el presente, contamina la realidad de Silvia y desestabiliza la precaria estabilidad que ambos supieron conseguir.


Con diálogos afilados e irónicos, con una escenografía minimalista que le aporta mucho dinamismo a la obra, con una iluminación que permite ese paso constante de una realidad a otra, vamos acompañando a los personajes de aquí para allá: de la casa de Camilo a la casa de Silvia, del diván del psicólogo a la Quiaca... pero sobretodo, asistimos a ese ir y venir anímico, a esa montaña rusa de sensaciones en la que siempre predomina el miedo al vacío y el vacío en sí mismo.

El oficio teatral de estos dos grandes de las tablas, sumada a esa alquimia que trasuntan da por resultado un espectáculo muy disfrutable, compacto, coherente.

Si la Izcovich nos conquista una vez más por su energía explosiva, con esta Silvia es agua con gas, agua en movimiento; Fabián Arenillas nos sorprende con su galería de personajes: él es Camilo; pero también es Gerardo, la actual pareja de Silvia; es el médico de Gerardo y es el psicólogo de Silvia. Todos esos hombres que rodean a Silvia tienen el mismo rostro de la obsesión que la acompaña. Porque quizás, como piensa Gerardo, encontrarse a Camilo no haya sido fruto de la casualidad sino de la obsesión.



"Estás igual", frase que intenta ser un halago para los que ya pasamos la barrera de los 50, va perdiendo esa connotación patéticamente positiva. Porque todos sabemos que el tiempo huye y va dejando sus marcas en nuestro cuerpo perecedero, pero sabemos también que quien nos dice que uno está igual después de tantos años niega la evolución, o simplemente constata que en algunas personas, como Silvia o como Camilo, "estar igual" implica estar presos de los mismos defectos, las mismas inseguridades, el mismo yo estático que es como una prisión de la cual es imposible escapar.
Algo tan difícil como aceptar que el exprimidor que creíamos indesductrible se rompió y no tiene arreglo y aunque nos regalen uno nuevo tiene fecha de vencimiento.



Guión y Dirección: Gabriela Izcovich

Actores: Fabián Arenillas y Gabriela Izcovich

Producción ejecutiva y Asistencia de dirección: Marco Riccobene

Escenografía: Alicia Leloutre

Música: Lucas Fridman

Iluminación: Ricardo Sica

Fotografía: Marco Riccobene


Teatro: NoAvestruz - Humboldt 1857. Palermo.

Funciones: Domingos a las 19hs.

Entrada: $120 (estudiantes y jubilados $100)

Reservas: 4777-6956 ó por mail a reservas@noavestruz.com.ar

jueves, 21 de agosto de 2014

Alma teatral, de Gabriela Izcovich

Una experiencia de intimidad

Acercarse a la nochecita por las calles empedradas en busca de una esquina de San Telmo, que supo ser una carbonería y que hoy es un patio-teatro. Esperar  a que den la función en un patio cubierto lleno de plantas que invita a mirar para arriba. Entrar a una sala encantadora de ladrillo a la vista en la que se ha respetado y enaltecido cada elemento original del viejo edificio. Allí empieza la experiencia de "Alma Teatral".



Sin embargo, ni bien entramos a la sala, advertimos que por la magia del teatro ese lugar es el patio de la casa de Lía, por eso le damos las buenas noches y nos sentamos respetuosos y ávidos de pasar un buen momento con nuestra anfitriona que nos abrió las puertas de su hogar y que en la hora que seguirá nos abrirá la puerta de su alma, de sus sueños y de sus recuerdos.


Quizás por una cuestión de empatía generacional, enseguida me sentí cerca y confidente de Lía- Gabriela. No es solamente porque el personaje-actriz rompa continuamente la cuarta pared y nos incluya en sus preguntas retóricas, en sus preguntas-miradas, en la hospitalidad de cocinar para nosotros, sus invitados. Sino por mi condición de mujer de la misma generación. Muchas de las hermosas historias de encuentros y pérdidas, en las que se intercalan experiencias propias y ajenas, se parecen demasiado a esas tardes de té entre amigas en las que sin darnos cuenta vamos hilvanando las perlas preciosas del dolor y del gozo de nuestras vidas para  materializar así la memoria que se vuelve ficción si no la compartimos con otros.

El brillo de los ojos de Lía- Gabriela, la suavidad envolvente de su voz, la calidez y ternura de sus mínimos gestos cotidianos, las tímidas lágrimas, la "soledad poblada" de la cual somos testigos e interlocutores van generando un profundo estado de emoción. Emoción que es poesía. Emoción que es la destilación del arte y de la vida.


Cuando ya el pañuelito no alcanza para contener la infinita nostalgia, las lágrimas se nos contagian y nos quedamos en silencio, con el nudo en la garganta y unas ganas infinitas de abrazar a Lía-Gabriela. Los aplausos, los apasionados y merecidos aplausos del público, nos arrojan de vuelta a la luz cenital, a la realidad; nos recuerdan que, una vez más, el mejor de los teatros nos ha robado de este mundo para  devolvernos un poco más sabios, un poco más hermosos, un poco más agradecidos a la vida.



 
Dramaturgia e interpretación: Gabriela Izcovich
Dirección Ana Izcovich y Gabriela Izcovich

Funciones: Viernes 21 hs
Teatro La Carbonera: Balcarce 998, Capital Federal
Localidades: $ 100 - Reservas: 011 4362-2651


"Hace veintiséis años que Lía abandonó el teatro. Sin embargo, su mera presencia y sus escasos quehaceres cotidianos, convierten al living de su casa en una sala teatral. En ese espacio sin fronteras, comparte su soledad poblada, evocando y construyendo escenas que confunden la realidad y la ficción. Con frágil trazo, va delineando un réquiem al amor perdido, un homenaje a la teatralidad y al hombre que la acompañó en el segundo acto de su vida, tal vez el más importante."