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martes, 17 de septiembre de 2013

Diario de viaje: Montevideo y la lluvia

La hermana de la otra orilla
Para Tere 

Resbalo por tu tarde como el cansancio por la piedad de un declive.
La noche nueva es como un ala sobre tus azoteas.
Eres el Buenos Aires que tuvimos, el que en los años se alejó quietamente.
Eres nuestra y fiestera, como la estrella que duplican las aguas.
Puerta falsa en el tiempo, tus calles miran al pasado más leve.
Claror de donde la mañana nos llega, sobre las dulces aguas turbias.
Antes de iluminar mi celosía tu bajo sol bienaventura tus quintas.
Ciudad que se oye como un verso.
Calles con luz de patio.

Jorge Luis Borges

Luna de enfrente (1925) 


Será porque la primera vez que crucé el charco, ya tenía allí una casa amiga, Montevideo tiene una dimensión familiar que me hace sentir en mi propio hogar. Esa extraña sensación de haber salido de la patria y no ser una extranjera.
Cuando necesito descansar el alma o llenarme los ojos de horizonte, me gusta irme unos días a Montevideo. Esta vez, soñaba con el solcito tibio de los días primaverales para caminar por la Rambla, sin embargo el clima me jugó una mala pasada, cuatro días de lluvia y un horizonte gris. Tiempo para las largas charlas entre amigos, para el mate y para pasear en auto, sin embargo.

Aquí van las postales de estos bellos días de lluvia de paseo por Montevideo:

Museo Blanes
Con sus columnas, su Venus y sus glicinas centenarias...





Mercado Agrícola de Montevideo
Totalmente reciclado con su techo imponente de hierro y madera. Ideal para pasear, comprar o ir a comer una buena parrillada.


Almacén del Hacha
Una esquina de la Ciudad Vieja para escuchar unos buenos tangos uruguayos...


Hotel Carrasco 
Este imponente gigante recuperó todo el esplendor del pasado. Con sus puertas de madera altísimas, sus lámparas de caireles, el lujo de su restaurant, los vitraux del techo, los arreglos florales y la exposición de las últimas fotos de Marilyn Monroe del hall. Vale la pena animarse a entrar a esos enormes espacios  pensados para el lujo de la alta burguesía rioplatense que imitaba el modo de veranear a la europea. Hoy abre otra vez sus puertas transformado en un hotel-casino cinco estrellas de la cadena Sofitel, que en todo el mundo recupera estos espacios de gran valor arquitectónico  e histórico.















Ya volveré muy pronto a Montevideo, esta vez sí para caminar por la rambla y no cansar de preguntarle a mis amigos montevideanos: ¿Ustedes se dan cuenta del privilegio que tienen de vivir a unas cuadras de tanta belleza?