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sábado, 8 de marzo de 2014

"El último verano de la boyita", Julia Solomonoff (2009)

El gran placer de tener INCAA TV




Así, de inesperado y hermoso, hacer zapping a las 10  de la noche y encontrarme con este canal que no sabía que tenía y con esta película.


Una historia original y sorprendente, una fotografía preciosa, el último verano de la infancia, y el campo... el verano en el campo, con sus siestas interminables, su tanque australiano, sus caballos, su gente.


Y para no contar nada de más, me atengo a la sinopsis de la película (seguramente escrita por su directora), para dejarlos con las ganas de ver esta película bella que honra al cine argentino:



"En un espacio aparentemente bucólico, un secreto se revela, accidental, espontánemente. Al volver de una cabalgata, Jorgelina nota una mancha de sangre en la montura. Y otra mancha en el pantalón de Mario. Mario no sabe qué decir. No sabe por qué, pero él no es como los demás. Jorgelina a partir de este descubrimiento lo acompañará en el camino del autoconocimiento y de la aceptación de su sexualidad. Una revelación que en lugar de separarlos los unirá más de lo imaginado."






martes, 4 de marzo de 2014

"La grande bellezza", Paolo Sorrentino

Un paseo por la Roma imaginaria

"Viajar es útil, ejercita la imaginación
Todo lo demás es desilusión y fatiga
Nuestro viaje es enteramente imaginario
Ahí reside su fuerza
Va de la vida a la muerte
Personas, animales, ciudades y cosas, todo es inventado
Es una novela, nada más que una historia ficticia."

Louis-Ferdinand Céline, "Viaje al fin de la noche"






Así como ese barco, que navega las aguas del Tíber en la escena final de la película, se nos va la vida...  y la música de la banda sonora acompaña con gran belleza ese devenir.





Quizás cuando somos muy jóvenes no tenemos tiempo para la contemplación, pero Jep Gambardella cumplió 65 años, así como la que escribe ayer cumplió 56... edad suficiente para poder entender la melancolía. 



"La grande bellezza" es una película desmesurada y hermosa. Llena de contrastes. Luces y sombras. Lo mundano y lo espiritual, el idealismo y el cinismo, la elegancia y la decadencia de la ciudad más bella del mundo.



Uno se pasa más de dos horas tratando de reconocer esos lugares de Roma que cree que alguna vez visitó. Pero Sorrentino se las ingenia para mostrarnos una ciudad imposible, imaginaria. La ciudad a la madrugada que recorre Jep, los museos iluminados con lámparas, abiertos para los noctámbulos a la hora en que los turistas duermen, la bella ciudad de la fuentes vistas a través de los ojos de los pájaros.



Y uno se pregunta cuando sale del cine : ¿Cuál es la gran belleza?
¿El recuerdo del primer amor?
¿Una terraza frente al Coliseo inundada de flamencos dormidos?
¿Un minestrone recalentado disfrutado en la intimidad con nuestra mejor amiga?
¿La tibieza de una cama compartida en la que hubo caricias y cariño?
¿La exposición total de un artista que se ha fotografiado todos los días y ha expuesto esos más de 14.000 retratos dentro del espacio circular de las ruinas romanas?
¿Niños corriendo con una monja en el medio de un jardín laberinto?
¿El cine?

Eso es algo que no puede responder Jep con sus 65 años ni yo con mis 56... Pero intuyo, que quizás, la gran belleza simplemente sea la vida.