Antonio Salieri, músico italiano nacido en 1750, conoció el éxito y los mayores halagos de los poderosos, de hecho pasó la mayor parte de su vida en la Corte Imperial de Viena, donde fue compositor, maestro de capilla profesor de alumnos que luego serían grande músicos de la historia como Beethoven, Schubert o Litz. Sin embargo su nombre pasó a la historia por una supuesta rivalidad con Wolfang Amadeus Mozart, no sólo eso, sino que se lo ha acusado de haberle causado la muerte. El literatura y el teatro ayudaron a fortalecer esa versión, primero fue Alexsander Pushkin con su poema, quien inspiró a Rimski- Kórsakov para escribir su ópera "Mozart y Salieri".
Hoy, en la cartelera porteña podemos disfrutar de la famosísima obra del escritor británico Peter Shaffer, Amadeus, que fue llevada al cine por Milos Forman con la inolvidable película que se llevó 8 premios Oscar en 1984.
Shaeffer parte entonces, de esa anécdota apócrifa, para narrar el conflicto de un hombre atormentado por la culpa que horas antes de su muerte rememora la relación que marcó su vida. El drama de un hombre lo suficientemente genial para descubrir y valorar a un genio que no pudo soportar la humillación de tanto talento e intentó toda su vida impedir que este saliera a la luz.
El director Javier Daulte, que ya nos tiene acostumbrados a puestas de gran calidad, revitaliza la obra con un diseño escénico muy dinámico, ayudado por la original y espectacular escenografía de Alberto Negrín que les permite a los actores bajar por toboganes, caminar por andamios y nos hace sentir a los espectadores la impresión de que todo está sucediendo en la caja sonara de un piano gigante.
La obra está narrada en primera persona por el propio Salieri que aparece en la primera escena, como un anciano decrépito atormentado por una culpa asfixiante. Encarnado por Oscar Martínez, quien en 1983, dirigido por Cecilio Madanes en el teatro Liceo, se destacó por su espectacular Mozart, hoy nos conmueve con ese personaje que en la primera línea del texto ya está invadido por el llanto.
Pero sin lugar a dudas, es Rodrigo de la Serna quien nos deslumbra con la variedad de matices de un personaje hecho a su medida. El joven actor, con una carrera sólida que lo ha preparado para este desafío, construye la compleja personalidad del genio jugando con innumerables matices que van desde la comicidad bufonesca hasta la más conmovedora tragedia final.
La envidia, la culpa, la genialidad, el éxito y el fracaso, la música... el misterio de la música, ese arte que está tan cerca de Dios, son los temas de esta obra que nos acerca a una historia que nos habla de personajes humanos, que a pesar de la distancia en el tiempo y el espacio hoy siguen reflejándonos en nuestra humana condición.
Una obra de teatro comercial de la calle Corrientes, con actuaciones notables. Y la música de Mozart como fondo. Salimos con esa música en la cabeza y con ganas de revolver los viejos discos para volver a escuchar "La Flauta mágica", "Don Giovani" y tantas otras piezas maravillosas de este artista genial.



