domingo, 24 de junio de 2012

"Elefante blanco", la última de Pablo Trapero

Hacerse cargo

"Señor: Perdóname por haberme acostumbrado a ver que los chicos parezcan tener ocho años y tengan trece.
Señor: perdóname por haberme acostumbrado a chapotear en el barro. Yo me puedo ir, ellos no.
Señor: perdóname por haber aprendido a soportar el olor de aguas servidas, de las que puedo no sufrir, ellos no.
Señor: perdóname por encender la luz y olvidarme que ellos no pueden hacerlo.
Señor: Yo puedo hacer huelga de hambre y ellos no, porque nadie puede hacer huelga con su propia hambre.
Señor: perdóname por decirles 'no sólo de pan vive el hombre' y no luchar con todo para que rescaten su pan.
Señor: quiero quererlos por ellos y no por mí.
Señor: quiero morir por ellos, ayúdame a vivir para ellos.
Señor: quiero estar con ellos a la hora de la luz."
Padre Carlos Mugica (1930-1974)


"Elefante blanco", la última película de Pablo Trapero, es uno de esos raros fenómenos de la cultura argentina. Quizás porque tiene como protagonista a Ricardo Darín, quizás porque en las semanas anteriores al estreno tuvo una buena campaña publicitaria, quizás porque fue seleccionada para el Festival de Cannes, en la sección "Una cierta mirada", el público se lanzó de lleno a las salas y puedo dar fe de que se agotaron las entradas en las primeras semanas ( yo tuve que volverme a casa sin verla, la primera vez que lo intenté, sin sacar entradas con anticipación). Un raro prodigio para una película argentina y más si pensamos que aborda un tema duro, pesado, oprimente...



"Elefante Blanco" no es una película perfecta. Para los que nos quedamos deslumbrados por el intimismo de "Leonera" o por el sórdido suspenso de "Carancho", esta última producción de Trapero quizás peque de excesos, la película en sí misma es densa, pesada, oprimente... como el tema que trata.


"Elefante blanco" es una película exigente. Me pasó lo mismo que con "El árbol de la vida" de Terrence Malick, esa vez cuando salí de la sala, me encontré con una profesora en Letras, muy reconocida y admirada por mí.  "Un bodrio- me espetó acerca de la película-tuve que salir porque no me la banqué". La película de Malick no es perfecta, tampoco, porque como Trapero, se ha animado a algo muy grande; como en un gran Aleph, se propone mostrar la vida: lo grande y lo pequeño, el pasado, el presente y el futuro, la historia de una familia, que puede ser mi propia vida, y quizás falle algo, el tono, o el timing, pero, epa... ¡es tan inmensa, tan extraordinariamente humana! Entiendo que no podemos meternos en las razones del gusto, pero que una persona erudita, tire por tierra esa epopeya visual porque se ha aburrido, porque los nuevos modos de comunicación, que miden los momentos por clicks, le hayan atrofiado el recurso esencial para la actividad intelectual: la paciencia, eso me subleva, me indigna, debo confesarlo. 



Volviendo a  "Elefante blanco", esta es una película también muy ambiciosa, porque no quiere dejar nada afuera, porque quiso contar todas las historias: la de tanta fe pisoteada, la de tanta inocencia mancillada, la de tanto engaño, tanto gatillo fácil, tanta corrupción, tanta desidia, tanto barro, tanto amor, tanta culpa... Y por momentos, quisiéramos que se definan mejor algunas situaciones, o nos parecen que sobran hilos. Porque Trapero nos sumerge en las entrañas de la villa, en largas tomas de cámara en mano interminables que nos meten de narices en el más sórdido arrabal del infierno, pero también se mete en los recónditos laberintos del alma humana.
Reducir esta película a una mera denuncia de la injusticia, al regodeo en la marginalidad sería simplificar la cuestión. Por un lado, Trapero sigue los pasos del entrañable Monito, así como Fernando Meirelles se interna en el mundo de la favela contándonos la historia de Buscapé, en la crudísima "Ciudad de Dios" y nos muestra, descarnadamente la lucha entre los narcotraficantes, los fantasmas del paco, los intentos fallidos de rehabilitación.


Pero "Elefante blanco" va más allá. El epílogo y el prólogo nos aportan una pauta de lectura para comprender que la indagación más valiosa está en eso incomprensible que es la vocación, de allí el explícito homenaje al padre Mugica en el final. La vocación religiosa, la vocación solidaria, la militancia politica. ¿Qué poderosa razón hace que un hombre o una mujer deje a su familia, olvide sus propios intereses, elija vivir entre los marginados? ¿Qué se hace con la impotencia, con el cansancio, con la desilusión? 
¿Qué tipo de enfermedad aqueja al padre Julián? ¿El síndrome del burnout, el tumor, no son meros síntomas de un cuerpo y una mente que dicen basta pero un alma que quiere más, sedienta de utopías? ¿Ese fuego es lo que hace de un hombre un santo o un mártir?
En una escena antológica, se dice en la película "Ustedes se dan el lujo vivir como pobres porque son ricos", refiriéndose al padre Julián que ha vendido sus muchas propiedades para donarlas y al padre Nicolás (magníficamente interpretado por el actor belga Jeremie Renier), este cura nacido en el "primer mundo" que hace años que viene arriesgando su vida entre las comunidades más desposeídas de Latinoamérica.


Se pone de manifiesto, entonces, que el centro de la cuestión está en la posibilidad de elegir. Esa es la gran variable que divide a la humanidad en dos grupos:  los que podemos elegir y más o menos hacernos cargo de nuestras decisiones en la vida y los que están determinados a "la ciudad oculta" desde su nacimiento.
Ese edificio ominipresente en la película, el Elefante Blanco de Villa Lugano, es el símoblo perfecto de estas contradicciones. Pensado como el hopital más grande de Latinoamérica por Alfredo Palacios, convertido en un esqueleto vergonzoso por el olvido y la negligencia de los distintos gobiernos, hoy alberga el comedor y merendero de la "Asociación de Madres de Plaza de Mayo". Trapero supo darle carnadura poética y llenar de significados a un símbolo potente para todos los argentinos.


2 comentarios:

  1. Pensé en aquella película de los años 8o " Jesús de Montreal" te acordas.
    Besos.

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    1. Qué película maravillosa! "Jesús de Montreal" tiene algo místico que la película de Trapero no tiene, sin embargo.
      Pero gracias por recordarme esa peli, la voy a buscar.
      Un abrazo.

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