lunes, 7 de enero de 2013

El chico de la bicicleta, de Jean Pierre y Luc Dardenne

Alguien en quien confiar
(Le gamin au vélo, Francia/Bélgica, 2011)



"... Abrimos un poco el foco para esta película. Situamos la cámara a la altura del niño, como a un metro cuarenta y cinco centímetros del suelo, y su movimiento fue lo más sencillo posible, únicamente con travellings de aproximación y de alejamiento. La idea era resultar lo más sencillo y natural que se pudiera. Las energías, si lo comparamos con 'Rosetta', por ejemplo, son muy diferentes, claro. En 'Rosetta' la cámara sufría con el personaje, aquí nos limitamos a contemplarlo."
Jean Pierre y Lucas Dardenne, entrevista de Alejandro Calvo , 27 de octubre de 2011 - Noticias - Entrevistas  



Dudé mucho en escribir este comentario, ya que la web está llena de reseñas, elogiosas o no tanto, sobre la última película de los hermanos Dardenne, los directores belgas mimados en el Festival de Cannes con el Grand Prix del Jurado 2011. Sin embargo, hace días que la película no quiere dejarme, por eso se imponen mis "razones del gusto". 
Como siempre, antes prefiero hacer una breve historia previa de mi recepción. Nadie llega vacío a una película. Cuando nos sentamos en la butaca o en el sillón de nuestra casa, allí estamos con nuestras experiencias y conocimientos, con nuestro estado de ánimo, con las expectativas que nos despierta la película o el autor.


Conocí a los hermanos Dardenne, en un curso de cine. Tenía que ver la película para la clase del día siguiente, el DVD sólo funcionaba en la computadora y no tenía accesos a los subtítulos. Un visionado imperdonable para una obra de arte como "Rosetta". Sin embargo, las imágenes son tan potentes, el ritmo de la cámara tan perturbador, que esa primera experiencia dejó un honda huella en mí. 
Más tarde pude ver "Rossetta" en el cine y fui accediendo a las otras películas del corpus de estos cineastas singulares, tan fieles a su propia estética. En todas sus películas los protagonistas y sus historias luchan en la marginalidad. La cámara de los hermanos siempre está muy cerca de sus personajes, no los juzga, simplemente los acompaña en su movimiento desesperado. Los protagonistas son jóvenes, deben sobrevivir en mundo salvaje. Son películas duras, sin concesiones ni espacio al sentimentalismo.



El chico de la bicicleta es Cyril, tiene once años. Edad bisagra de la vida, todavía es inocente y necesita protección sin embargo ya se vale por sí mismo. Cyril es la imagen de la  rabia y la desesperación. Con alguna prenda roja durante toda la película, él lucha, lucha siempre. Como un pitbull le dirán. Corre, muerde, grita, patalea, no puede aceptar que su papá lo haya abandonado en un orfanato, que no atienda las llamadas, que no le haya avisado que se ha mudado y mucho menos que lo haya traicionado vendiendo su bicicleta. Nada sabemos de su madre, sólo que murió su abuela y que su padre no puede (o no quiere) cuidarlo. 
A diferencia de las novelas realistas decimonónicas de Dickens, este Oliver Twist o David Copperfield contemporáneo no despierta nuestra compasión, sino más bien nuestros más bajos instintos. Los tutores del internado deben correrlo exhaustos porque se escapa, trepa las paredes, no obedece. La extremada paciencia y civilidad de los adultos que lo rodean produce cierto escozor en nosotros, que no podemos dejar de pensar que si lo tuviéramos como alumno desearíamos sacárnoslo de encima porque es una verdadera pesadilla.



Sin embargo, el destino arroja (literalmente) a Cyril a los brazos de Samantha, la bellísima Cecile de France, que lo mira a los ojos con determinación y con mucha seguridad le dice que puede agarrarse de ella, no con tanta fuerza. Se lo dice tranquila desde el piso. El niño ha entrado a la sala de espera de un consultorio dental escapando de sus preceptores. Está acorralado como un animalito salvaje. Sin embargo Samantha puede ver con mucha normalidad lo que la mayoría de los adultos no puede comprender: Cyril es un chico aterrado que necesita poder confiar en alguien.
Samantha es una simple peluquera, no es psicóloga ni psicopedagoga, ni santa ni mártir. Es una mujer soltera con los ojos tristes a la que quizás la vida le ha enseñado lo que es abrirse camino sola sin la protección de nadie. Pero eso no lo sabemos, porque para los Dardenne sólo existe ese presente en movimiento en que conocemos a sus amados personajes. Samantha es fuerte y sabe tomar decisiones. Se compromete. Elige. Hace lo que hay que hacer. Eso la hace admirable y a veces incomprensible. No sólo para nosotros, los espectadores, sino para su propio novio que queda empequeñecido e impotente ante tanta mujer.



Cyril podría haber sido el bebé crecido de la película "El niño" o por qué no el posible hijo del protagonista de "La promesa". ¿Será por eso que en el elusivo rol del padre aparece el rubio Jérémie Renier, el actor protagónico de las otras películas nombradas? Esa coincidencia nos impulsa a las analogías y deja vibrando algunas preguntas: ¿Puede un joven irresponsable que casi, casi vende a su bebé, hacerse cargo de la crianza de un hijo? ¿Cómo se puede amar a un hijo si hemos sido maltratados o ignorados por nuestro padre? 


La promesa, 1996

Por eso, en ningún momento se juzga al padre, ese joven que apenas puede con su vida y que ha conseguido un trabajo. Lo único que se le exige es que sea honesto con el chico y él lo es, sin escrúpulos morales.



Creo intuir que los Dardenne no quieren contar otra historia más de un niño solo y así apelar al melodrama, hacernos llorar un poco para descargar culpas y seguir tranquilos. Hay en esta película y en la grandiosa música de Beethoven como leit motiv, un gesto empecinadamente optimista ante tanta mezquindad, tanta misera humana...  Hay un acto de fe en el hombre.
Pareciera que quieren decirnos: no todo está perdido. Todavía puede haber vestigios de amor, desinterés, empatía y nobleza en esta sociedad individualista y deshumanizada. Todavía hay mujeres que se arremangan y saben dar protección y consuelo. Todavía hay niños que se aventuran en el bosque y se pierden, pero tienen ese fuego interior que los hace levantarse una y mil veces para seguir pedaleando por el camino de la vida. 



2 comentarios:

  1. Excelente tu comentario una vez más. Luego de leerlo me interesó mas la película y la disfruté ampliamente, porque tenes la habilidad de abrir el camino del entendimiento con tus análisis tan bien hechos , directos y completos.

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  2. Gracias, Daniel! Qué bueno lo que decís. Me cuesta trabajo hablar de la película sin dar muchos detalles de la trama para no arruinarla. Mi idea es que los que lean tengan ganas de ver la película. Y esta me gustó tanto.

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