domingo, 23 de febrero de 2014

Diario de viaje: La Casa Azul, Coyoacán

Pasión por la vida
A Daniel, mi compañero de aventuras


«Soy el motivo que mejor conozco», Frida Kalho

Foto Nickolas Muray
Fridamanía
Desde los ´80 que la figura de Frida Kahlo no para de crecer y con su enorme sugestión y magnetismo se convirtió en un ícono del feminismo y de lo más genuinamente mexicano. Es alguien que trascendió sus limitaciones físicas para lanzarse a devorarse la vida. 
Su imagen, sólo comparable con la figura del Che, según me hizo ver Daniel antes de empezar a escribir esta entrada, es profundamente moderna, estética e inspiradora. Por eso, quizás, en los últimos años, ha sido tomada y despojada de su profundo significado.
Estampada en remeras, almohadones y todo tipo de souvenirs... Frida llegó a ser tapa de la revista Vogue, que en el 2012 le dedicó un número a su estilo tan personal que marca tendencias.



Por eso, visitar su casa, el sitio donde nació y murió,  es adentrarse en el universo creativo de la mujer artista más conocida y amada del mundo.

La Casa Azul
La enorme casona está ubicada en una señorial esquina en la calle Londres 247, en uno de los barrios más hermosos del DF. Fue convertida en museo en 1958, cuatro años después de la muerte de la pintora. Actualmente recibe más de 25.000 visitantes por mes, un 70% de ellos son peregrinos que llegan desde todo el mundo al santuario de esta santa pagana.




A continuación, algunas de la fotos tomadas en el recorrido por la casa con inmensa emoción y cierto pudor por estar avanzando a través del mundo íntimo y cotidiano de una artista que a partir de su sufrimiento, dedicó su vida a elaborar y revisar su propia imagen.


  • El comedor: En este recinto colorido en el que queda demostrado el amor que tanto Diego como Frida sentían por el arte y la cultura mexicana, compartieron buenos momentos grandes personalidades como León Trotsky, José Clemente Orozco, Sergei Eisenstein, André Breton, Tina Modotti, entre muchos otros.





  • El dormitorio de Diego: Está en la planta baja, a continuación del comedor. Con su mameluco y sus sombreros preparados, es como si ese hombre corpachón estuviera por aparecerse en cualquier momento.


  • La cocina: Típicamente mexicana, con sus cazuelas de barro, su fogón y sus muebles amarillos... Y los nombres de los dueños de casa, delicadamente armados con minúsculas vasijitas, le dan un aire un poco naif y delicioso.








  • El taller de Frida: En 1946, Diego Rivera le pidió a Juan O´Gorman, el famoso arquitecto que diseñó la casa taller de Diego en San Ángel, que construyera un luminoso estudio para Frida.



  • La recámara de día: A continuación del taller, se encuentra la cama con espejo en el techo. Su madre lo mandó a colocar después del accidente que Frida sufrió en el tranvía que la obligó a hacer reposo durante 9 meses cuando estaba en la escuela secundaria. Entonces comenzó su obsesión por retratarse.



  • La recámara de noche: Es la zona más íntima de toda la casa. En el techo de la camita, Frida colgó la colección de mariposas, que le había obsequiado el artista japonés Isamu Noguchi. Allí, cada objeto nos habla de ella: los frascos de remedios, las calaveritas, los exvotos, juguetes, libros, adornos, muletas. Todo allí es de una gran simplicidad y austeridad. Todo tiene escala humana.





  • El patio de los caracoles: Revestido de piedra volcánica, decorado con objetos de arte precolombino y caracolas de mar, presenta también vasijas empotradas de frente para servir como palomares.

  • Los patios:




  • La exposición de objetos y archivos descubiertos: Con motivo de la celebración del centenario del nacimiento de Frida y del 50º aniversario de la muerte de Diego, en el 2007, se creó la exposición de objetos personales de Frida, vestidos y algunos dibujos desconocidos hasta entonces que estaban escondidos en un baño de la casa.



"Las apariencias engañan"
También se encuentran algunas obras muy conocidas de Frida, aunque no los trabajos más grandes. Por eso, este profundo encuentro con Frida empieza o termina en el Museo de Arte Contemporáneo, en el Bosque de Chapultepec, frente a su obra "Las dos Fridas" que sintetiza, para mí, la compleja ambigüedad de esta artista única.



Y sí, aunque hoy nos parezca un sueño, allí estuvimos juntos, festejando "la pasión por la vida".


6 comentarios:

  1. Ante todo gracias por dedicarme esta entrada, es demasiado!.
    La obra de Frida tardó en darse a conocer, pero una vez salida de las tinieblas, su vida y obra fueron imparables. Trascendió las fronteras de México a una velocidad sideral. Su imagen repetida hasta el hartazgo nos hace reflexionar quien fue esa mujer y por que es tan valiosa. Su obra totalmente autobiográfica nos advierte de los poderes que el arte ejerce sobre las personas. Frida ha dicho que si no fuera por la pintura, no hubiera sobrevivido a su tragedia de vida, cosa que no es poca no?.

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    1. Yo había ido sola a esta casa, pero ir con vos fue muy especial, por eso te merecés la dedicatoria. Y sí, es impresionante cómo el arte la conectó a Frida con personas increíbles y ella pudo vivir una vida apasionante a pesar del dolor o quizás gracias a este continuo estado de "incomodidad" que la manternía tan viva, tan despierta.

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  2. Y yo agregaría a la última foto: "...Y Liliana y Daniel la visitaron"..... Qué placer, por favor!!!!!!!!! <3

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    1. Hola Graciela. Sí, puse esa foto con esa idea aunque no le puse el epígrafe en nuestras sonrisas se lee eso: "estamos acá"

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  3. No estoy segura, pero creo que conocí a Frida Kahlo a través de la película de Paul Leduc (Frida Naturaleza viva, 1983). Lo que sé es que desde que supe de su vida y de su obra me volví una gran admiradora suya. Qué mujer extraordinaria, por Dios... Desde hace un tiempo, como señalás, su imagen aparece multiplicada en infinidad de objetos de consumo, una pena (pero eso suele hacer el "sistema" con sus hijos descarriados, termina encajándolos a la fuerza)...
    Me encanta este diario de viaje de Coyoacán, me encanta recorrer la casa de Frida y Diego a través de tu mirada. Una casa digna de ella, llena de color, dramatismo, contrastes, luz, vida, amor, muerte, dolor y alegría.

    Gracias por el viaje, Eleonora, un abrazo.

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  4. Hola Betina, esa película es maravillosa, yo también la vi por esa época. Después cuando salió su diario, me terminé de enamorar.
    Gracias por acompañarme con tanto cariño en este diario de viaje.

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