jueves, 29 de marzo de 2018

La reina del miedo, Valeria Bertuccelli y Fabiana Tiscornia

Condenada a elegir


“Estamos solos, sin excusas. Es lo que expresaré diciendo que el hombre está condenado a ser libre. Condenado porque no se ha creado a sí mismo, y sin embargo, por otro lado, libre, porque una vez arrojado al mundo es responsable de todo lo que hace”.
Jean Paul Sartre, El existencialismo es un humanismo




Heroína existencialista, Tina es arrojada a este mundo inexplicable, siente la náusea metafísica, la oscuridad de la existencia en la que ninguna compañía de seguridad puede hacerla sentir menos vulnerable ante el absurdo.

Hay muchas cosas que no sabe o no entiende. En su rutina desgastante tiene que hacerse cargo de una casa demasiado grande, de una fama profesional que la llena de obligaciones que la alejan del estado creativo, de una soledad que no entiende.

Se mueve todo el tiempo sin avanzar, está paralizada por la angustia. Una risa nerviosa se confunde con las ganas de llorar, todo el tiempo, todo el tiempo. 

A Tina le sobra empatía. Es la patrona comprensiva, es la amiga que corre al otro lado del mundo a estar con su amigo del alma que se está muriendo, es la clienta a la que la depiladora le cuenta sus dramas personales. Ella es así, entrañable, querible, anárquica.

Una sola cosa tiene clara: no quiere un árbol moribundo en su jardín. Quiere que la vida retoñe, quizás dentro de su propio vientre.

Las escenas en Copenhague junto a Diego Velázquez son de una belleza emocionante. Su amigo, en la aceptación de lo inexorable, la ayuda a aceptar su responsabilidad intransferible de elegir para que su vida no sea un mero transcurrir.


La reina del miedo es la gran ópera prima como directora de esta actriz excepcional, reina y señora absoluta de la pantalla durante toda la película.
No esperen ver una comedia, aunque haya situaciones desopilantes. Espiritual, absurdo y metafísico, el film nos expone a nuestro propio gran miedo: el pavor a que la vida se nos escape entre los dedos... No por casualidad la obra que no ensaya, porque como la vida se improvisa en escena, se titula "El tiempo es oro".

Vayan a verla al cine por la Bertuccelli, claro, pero también por el original guion, la preciosa fotografía y por la música original de Vicentico. Se van a sorprender.


Les dejo el link a la crítica de Carolina Giudice en Morir en Venecia, ella dice cosas importantes que yo también pienso y no vale la pena repetir.


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