miércoles, 16 de agosto de 2017

Teresa está liebre, en el Camarín de las Musas

Un resplandor en la oscuridad

"El cuerpo es una usina recalentada debajo de la piel, 
y por fuera,
el enfermo resplandece, brilla,
con todos sus poros,
expandidos, 
semejantes a un paisaje de Van Gogh
al mediodía."





TERESA ESTÁ LIEBRE... Teresa nos espera en su ático abigarrado de objetos y de pasado. Hay que subir una escalerita empinada para encontrarnos con la penumbra y con la luz.
Teresa prepara té y nos convida a entrar a su mundo. Nos mira a los ojos y nos estruja el alma, imposible apartarse de esa mirada de agua y sol.
Es siempre Teresa, es siempre su excesiva lucidez, su misticismo, su obsesión, su dolor.
En su monólogo nos narra su historia llena de elipsis, de fueras de campo, de desamparo. Su historia llena de redundancias, de pasadizos, de acumulaciones imposibles.
Su historia de desesperante soledad.
Hay luz que enceguece y oscuridades impenetrables. Hay un santo al que aferrarse cuando ya no está la mano de papá. Hay miedo.

Teresa está encandilada como una liebre, desaforada como una liebre, suave y vulnerable como una liebre... 
En su mundo custiodado por enfermeras-cucarachas y médicos que dictaminan lo que está bien y lo que está mal, Teresa extraña demasiado a su amiga Conejo, la que se fue antes dejando hilos rojos y perfume a sangre. La que le enseñó que el cuerpo no sólo pare dolor sino también felicidad.
Algo se está quemando en la cabeza-ático de Teresa, pero es dulce y nos envuelve, se mete por nuestras narices. Ella no puede parar de pensar, de pensar, de pensar...




Y así salimos nosotros de esta obra única, milagro del teatro, concebida por el amor de cinco mujeres. Salimos sin palabras, un poco de nuestro corazón se queda ahí acompañando a Teresa y otro poco de mente y corazón sigue rumiando la obra durante toda la semana. Hasta que sale esto que se parece un poco a una de mis razones del gusto pero que sobre todo es una recomendación.

No pueden perderse por nada del mundo Teresa está liebre, no verán nada igual en la cartelera porteña... Con esa consistencia de los cuentos de Samanta Schewblin y de los mejores momentos de las películas de Yorgos Lanthimos (Canino, Langosta)... ¡pero a la vez tan distinta! Con ese parecido a la poesía de Artaud que conoció los laberintos de la locura.
Ya desde que entran a la sala quedarán subyugados por la escenografía que reproduce el mundo interior de la protagonista.
Felicitaciones por el texto y por la dirección, por la iluminación y el sonido, pero por sobre todo gracias por la entrega descomunal de Florencia Naftulewicz. Una actriz subyugante y perturbadora, una gema, única por su belleza, su voz llena de vibraciones, su trabajo corporal.

Felicitaciones a estas mujeres artistas (Jimena, Florencia, Fernanda, Pilar, Sharon) que lograron una obra artística de las dimensiones de un paisaje de Van Gogh... incomparable, inolvidable.



Dramaturgia: Jimena Gonzalez y Florencia Naftulewicz


Dirección: Pilar Boyle y Sharon Luscher




Actúan: Florencia Naftulewicz y Fernanda Rodríguez

Sonido en vivo: Mariano Asseff

Diseño de escenografía: Teresa está Liebre

Realización escenográfica: Jackie Ferreira, Jair Bellante y Mariano Asseff

Diseño y realización de iluminación: Leandro Crocco

Diseño de sonido y diseño gráfico: Mariano Asseff

Fotografía: Agostina Gladiali

Prensa y difusión: Carolina Alfonso

Asistencia: Luca Capobianco





Funciones: jueves 21 hs.

Duración: 65 minutos.




EL CAMARÍN DE LAS MUSAS

Mario Bravo 960. Reservas: 4862-0655


Entradas: $ 200 y $ 150 (estudiantes y jubilados con acreditación).

Menores de 30 y Club La Nación 2x1

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