domingo, 8 de abril de 2012

El Loquero de Doña Cordelia

Circuito Cultural Barracas, más de 15 años construyendo utopías

"Si el corazón le pide barrio... véngase para Barracas"


 Conocí el Teatro Comunitario de la mano de mi querida amiga Marcela Bidegain, quien, cuando muy pocos sabían de este fenómeno cultural, empezó a contagiarnos su entusiasmo por este nuevo vehículo de expresión popular. El Circuito Teatral Barracas junto al Grupo de Teatro Comunitario Catalinas Sur son los pioneros de esta movida porteña que se ha esparcido en estos años por todo el país. Lo verdaderamente original y emocionante del Teatro Comunitario es que desde sus inicios funcionó como un poderoso agente de resistencia y transformación social. Arte nacido en el barrio, con los vecinos que podrían quedarse rumiando su soledad y su carencia pero eligen salir, habitar una plaza, llenar un galpón, compartir las vivencias y experiencias, dejar de mirarse el ombligo o la caja boba para mirar al costado y encontrarse con otros que sueñan, que quieren hacer realidad las utopías que tenemos todas las personas de bien.


Allá por el 2000, una tardecita soleada, fue la primera vez que Marcela me llevó a la Plaza Díaz Vélez, en el barrio de Barracas, ése era el lugar de encuentro y concentración para la obra que iba a empezar: "Los chicos del cordel". Mientras esperábamos, comenzaron a aparecer los personajes caricaturescos que nos acompañarían en el recorrido por el barrio hasta los bajo-puentes de la abandonada estación Irigoyen en la procesión de esta obra callejera.
"La calle, en otro tiempo transmisora de valores, de juego y de pautas culturales, es hoy el lugar de los que no tienen un lugar en el mundo, pero también el lugar de la queja y de las movilizaciones, por lo cual es el escenario ideal para sacar el teatro y dar testimonio de los males sociales. La calle es el lugar para vehiculizar lo que una sociedad necesita liberar."*
Con la estética del sainete y del grotesco criollo y el ritmo y la poesía de la murga, los personajes representaban la tipología del barrio: los desocupados, las prostitutas, la profesora de piano, la modista, los chicos de la calle, las vecinas que barren en la vereda. Los espectadores íbamos recorriendo este "vía crucis de  la miseria" en el que las imágenes simbólicas, las canciones y las actuaciones se fusionaban con el abandono y el deterioro impregnados en cada centímetro del barrio, expresión de la decadencia que vivía la Argentina en las vísperas de la crisis del 2001. Fue muy impactante para mí esa experiencia, y luego muchas veces he seguido estos mega espectáculos, llenos de humor, de color local, de realismo y de poesía.



Hoy quiero referirme al último estreno del Teatral Barracas: "El loquero de Doña Cordelia". A más de 12 años de "Los chicos del cordel", ya no es la calle sino una antigua pensión la que alberga a los marginados, a los considerados "locos" por el resto del barrio. Los pensionistas no sólo comparten ese conventillo, el mate y los chismes sino que imaginan ser los nuevos revolucionarios que quieren "refundar" la patria "esta vez en abril, porque hace mejor tiempo que en mayo". En la pensión de doña Cordelia queda claro que como pasó en el país, la solidaridad puede mover montañas y los cambios posibles empiezan con los sueños. Por eso emociona hasta las lágrimas la canción final que nos machaca a fuerza de murga la esperanza: "Que no sea de locos abrirnos la puerta y como gente cuerda otro mundo imaginar". 
Y uno se va tarareando esa canción, asombrado de que funcione esa alquimia, ese grupo heterogéneo de señoras de su casa, abuelas, muchachas jóvenes, muchachos, hombres maduros, niños, una joven en silla de ruedas y su madre...vecinos del barrio de Barracas devenidos en grandes artistas, con un nivel de perfección formal asombrosa, que nos regalan esa inyección de alegría y de optimismo. Estos "activistas de la memoria", dirigidos por el talentosísimo Ricardo Talento ( valga la redundancia), nos conmueven con su obstinación, su humildad y su candor.

"El Loquero de Doña Cordelia", todos los viernes y sábados a las 22.00hs.  En el Circuito Cultural Barracas, Av. Iriarte 2165.

* Marcela Bidegain, en Teatro Comunitario, Resistencia y transformación social, Editorial Atuel, Buenos Aires, 2007

4 comentarios:

  1. Qué elogioso y merecido reconocimiento para los vecinos -artistas!!!
    Es así… desde su barrio y con su singular y atractiva estética, el Circuito no deja de conmovernos y estoy segura de que algo de lo que nos transmite tiene que ver con la capacidad poética de su dramaturgia, sus canciones y las siempre impecables actuaciones.
    Ya mismo les mando el enlace para que te lean, Lili y de paso para que recorran el blog que está cada día mejor. Te felicito de corazón, querida amiga!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. ¡Gracias, Marcela!
      Tu comentario es el broche de oro para esta entrada:

      Eliminar
  2. La antigua pension de Doña Cordelia es conocida como El Loquero de Doña Cordelia, ya que ahi se han ido hospedando a lo largo de los años, los considerados locos por el resto del barrio.


    Estos pensionistas influenciados por los faustos del Bicentenario, en el año I hacia el tricentenario, han decidido “Refundar” la revolucion de mayo. Se han propuesto “Refundar” todo lo “Fundado” en estos doscientos años: desde una historia contada segun las conveniencias de turno, hasta las relaciones vecinales y certezas personales que rigen socialmente.
    No se conocen los resultados finales de esta “Refundacion” porque recien empieza, pero el mismo elenco se pregunta en una cancion final ¿Por que es tan dificil pensar otras formas de construccion? ¿Por que desde la locura? ¿Donde quedo prisionera la cordura que no es capaz de imaginar algo distinto a lo ya imaginado?


    En lo de Cordelia lo estan intentando.

    https://picasaweb.google.com/115005576371777240846/ElLoqueroDeDonaCordelia2012#slideshow/5720885873697401298

    ResponderEliminar
  3. ¡¡¡Gracias, Julio!!! ¡Qué bellas fotos!

    ResponderEliminar