viernes, 1 de febrero de 2013

Café Literario: Sunset Park, de Paul Auster

El destierro del hogar


"...Siempre las historias, las miles, las millones de narraciones, y sin embargo uno nunca se cansa de ellas, siempre hay espacio en el cerebro para una más, para otro libro, otra película..."
Morris Heller en  Sunset Park, página 185


Esta es una historia vieja como el mundo. La historia de un hijo que necesita alejarse del hogar para encontrarse a sí mismo, crecer y perdonarse.
Vibran en esta historia ecos de otras historias... la del hijo pródigo, la de Caín y Abel, la de Odiseo y Telémaco, aunque en este caso sea el padre el que espera al hijo perdido en un viaje que dura demasiado más de lo soportable. 



Pero también se incluye como intertexto un viejo melodrama de la época de oro del cine de Hollywood, la famosa película "Los mejores años de nuestras vidas" de William Wyler. El paralelismo es notable, si en la película, los protagonistas vuelven después de la guerra como extraños al hogar del que han sido desterrados, en Sunset Park, cada personaje vive su exilio personal, libra su propia guerra, marcha por la vida con las heridas de viejos dolores que nunca cicatrizan.




En una Norteamérica en crisis, no es casual que Auster elija una casa abandonada frente a un cementerio, hogar transitorio para cuatro adultos jóvenes que se transforman en okupas naturalizando vivir en la ilegalidad en una franca postura anarquista.

Es una novela que habla del peso del pasado, de los desencuentros, de las casualidades. Con toda la fuerza trágica que a veces tienen las casualidades y que nos llevan siempre a pensar las estúpidas preguntas sin respuesta: ¿qué hubiera pasado con estos personajes si tal evento no hubiera sucedido? 



Como cada verano, una buena historia de Paul Auster me hace perderme en las peripecias de personajes humanos, demasiado humanos y vulnerables. ¡Cuánto nos hace amar a estos seres salidos de su imaginación, cuánto quisiéramos que se cumplan sus anhelos, sus proyectos! Sin embargo, en esta novela del 2010, Auster parece querer decirnos que en la literatura como en la vida queda poco lugar para la esperanza en el futuro y sólo nos queda aferrarnos a un "carpe diem" desesperado.

5 comentarios:

  1. Me encantó "El país de las últimas cosas", ahora estoy con "Tombuctú"...y bueno, seguiré con este!!! Gracias por la recomendación!

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  2. Gracias a vos, Nati, por pasar por el blog y ya me anoto Tombuctú, ya me encantó la idea de que Auster en esta novela opte por el punto de vista de un perro. Voy a tratar de conseguirla.

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  3. Bueno, cualquier cosa avisame que cuando la termine te la presto!

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  4. Qué buen comentario, Lili!
    Leí Sunset Park hace ya dos años, también en verano (Me encanta Auster para el verano. Como alguien dijo por ahí, no recuerdo quién, es el más popular de los autores cultos). Recuerdo que además de con el clásico de Wyler, también juega intertextualmente con El gran Gatsby de Fitzgerald, todo ese esplendor previo a la crisis del 29 que funciona como paraíso perdido (siempre paródico en Auster) en esta nueva crisis en que viven los protagonistas.
    Sin embargo, no es una de las novelas que más me han gustado de Auster, a pesar de que tuvo muy buenas críticas. No sé, no me resultó creíble en algunos tramos y me pareció que se iba quedando estructuralmente a medida que la leía... Me quedo toda la vida con sus grandes novelas: La trilogía de Nueva York, La invención de la soledad, Leviatán, La música del azar, La noche del oráculo... y alguna más que ahora no recuerdo... Ah! El palacio de la luna (tuve que buscar en Internet porque no me acordaba el título! El Alzheimer sigue avanzando! jaja!)
    Tampoco me gustó Tombuctú, pero debo decir también que, aun cuando, no sean las que más me gustaron, es cierto que Auster es garantía de buena narración y que cuando se empieza uno de sus libros, es imposible dejarlo... Y eso lo logran (en mí, al menos) muy pocos narradores. Auster, en ese sentido, es siempre es una fiesta.
    Un dato, por si no lo leyeron: Ayer en Radar de Página 12 salió un artículo sobre la adaptación que Gabriela Izcovich hizo para teatro de La música del azar con la aprobación de Auster. Me da curiosidad esa transformación. Tal vez valga la pena verla cuando se estrene
    Un fuerte abrazo, Lili!

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    1. Coincido, Laura, con que la estructura es demasiado simple y el golpe final demasiado intempestivo y cruel... no sé, quizás sea la forma para contar esta historia.
      Como siempre pasa,a mí me llegó mucho quizás porque ya estoy cerca de la edad del padre, toda la rica reflexión que hay sobre los lazos familiares es formidable.
      Después me encanta cómo Auster se las arregla para narrar escenas casi pornográficas con una liviandad y una naturalidad que lo hacen único. El personaje de Ellen me encantó. El paralelismo con Miles, también. Podrían amarse y formar una pareja, pero los dos intentan completarse con menores, quizás porque han salteado esa etapa de sus vidas, y salir con un adolescente sea una forma de vivirla.
      Por otro lado está lo efímero de las obras humanas, siempre lo pienso sobretodo ahora que escribo en la computadora. En cualquier momento puede desaparecer para siempre mi Razón del gusto, por ejemplo, y mis cosas y mis fotos y los cuadros de Dani... Nos creemos eternos pero somos solo presente.
      ¡Qué suerte volver al ruedo con la charla sobre lo que nos gusta! Gracias por tu riquísimo aporte. Un abrazo para vos también y buen año!

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